Responsabilidad ética y social de los ingenieros
Ing. Conrado Bauer
1) Introducción
El presente trabajo se preparó con la finalidad de servir de soporte para una conferencia que fue pronunciada durante la sesión de apertura del congreso homónimo de la “Convención Mundial de Ingenieros” realizada en Brasilia, en diciembre 2008. La reunión fue organizada por las asociaciones brasileñas de ingenieros CONFEA (Consejo Federal Brasileño de Ingenieros, Arquitectos y Agrónomos) y FEBRAE (Federación Brasileña de Asociaciones de Ingenieros), y auspiciada por UNESCO, FMOI, UPADI y otras instituciones vinculadas con la ingeniería.
En el desarrollo del presente documento se efectúan consideraciones sobre la responsabilidad ética y social, tanto del ingeniero individual como de la ingeniería en su conjunto. En general, el texto elaborado propone visiones de un ingeniero ideal y de una ingeniería ideal, como metas a ser perseguidas por el ingeniero real y la ingeniería real, al contestar la pregunta: ¿Es la ingeniería una profesión con responsabilidades éticas y sociales o simplemente una ocupación sin responsabilidades relevantes más allá de lo técnico? Se transcribe el “Modelo de Código de Ética” o “Código Modelo” de la Federación Mundial de Organizaciones de Ingenieros, y se exponen conceptos que lo respaldan. Luego se describen diversos aspectos y repercusiones de la actividad de los ingenieros y reflexiones internacionales al respecto, incluyendo comentarios sobre la intervención y responsabilidad de los ingenieros ante los desastres naturales y los accidentes tecnológicos, así como recaudos precautorios que deberían adoptarse en situaciones ambiguas. Finalmente se exponen conclusiones sobre obligaciones sociales.
El trabajo original redactado en inglés así como las numerosas citas que provienen de otros idiomas (inglés, francés, italiano) se han traducido libremente al español. El término “ingeniero”, tanto en singular como en plural, se refiere indistintamente a ingenieros hombres y mujeres. Pronombres y adjetivos masculinos están usados de manera genérica, por economía del lenguaje y sin ninguna intención sexista.
2) El ingeniero como profesional universitario
Una muy relevante y comprometedora responsabilidad ética y social recae sobre todos aquéllos que ejercen la profesión de ingenieros. Para afirmar esto partimos de la premisa de que el ingeniero no es un técnico práctico que se limita a cumplir órdenes sino un profesional egresado de una universidad o institución superior de enseñanza, reconocido en su jerarquía y atribuciones por la sociedad a que pertenece, lo que ocurre actualmente en la mayoría de los países.
Como profesional universitario, el ingeniero ha profesado un ideal de vida, ha adquirido los conocimientos habilitantes para su ejercicio profesional y ha sido capacitado para razonar de manera crítica, sistémica y holística. Todo ello le permite abarcar criteriosamente diferentes alternativas e imaginar soluciones para cada problema o situación, evaluarlas y decidir entre ellas. Sus propuestas y realizaciones, aisladas o repetitivas, conforman el entorno tecnológico que incide sobre la salud, la seguridad, el empleo y el bienestar de la población. Sin duda, su responsabilidad emerge de su formación universitaria, de la influencia de su accionar sobre el desarrollo físico y social, y de las incumbencias que la comunidad ha concedido a todos los ingenieros legalmente habilitados para actuar profesionalmente(1).
En algunos países se ha discutido sobre si la ingeniería es meramente una “ocupación” sin responsabilidades trascendentes o una “profesión” con funciones y atribuciones intrínsecas que conllevan obligaciones éticas y sociales (hacia clientes, superiores, pares y público en general). Entendemos que esta última es la concepción correcta ya que los ingenieros profesionales desempeñan tareas y adoptan decisiones que influyen significativamente sobre el devenir social.
Pero ese concepto de “profesión” está condicionado, ya que para ejercer sus responsabilidades y merecer cabalmente su título todo “ingeniero profesional” debe haber recibido una educación que lo haya dotado de los necesarios conocimientos, metodologías científicas y técnicas de análisis, y aptitudes de razonamiento y acción acordes con la amplitud del impacto social y ambiental de sus realizaciones. Por consiguiente el ingeniero profesional debe poseer el criterio necesario para ejecutar por sí mismo decisiones suficientemente fundamentadas o para interactuar con los superiores o con los destinatarios de su trabajo u otros profesionales de diferentes especializaciones, buscando las mejores soluciones que distingan y practiquen los requerimientos técnicos, éticos y sociales que sus acciones implícitamente exigen. Demás está recordar que en proyectos de envergadura debe recurrirse a la consulta pública para apreciar mejor necesidades y consecuencias de interés general.
La gama de las motivaciones de los graduados puede incluir, entre otras, las de aquéllos que fueron guiados por una vocación clara y la intención de desarrollar sus habilidades lógicas y matemáticas o sus posibilidades creativas y organizativas, o las de quienes aspiran a capacitarse para poder, a través del ejercicio de la ingeniería, contribuir efectivamente al bienestar de sus conciudadanos y al progreso de sus comunidades y países, o aún quizás hasta las de los que han llegado a obtener sus diplomas de ingenieros impulsados por la intención de alcanzar un medio de vida con promesas de bienestar económico y prestigio social.
Sin embargo, todos aquéllos que han accedido a “profesar” la ingeniería, más allá de sus diferentes motivaciones iniciales, comparten las relevantes exigencias éticas y sociales que emergen del mismo ejercicio profesional y de sus inherentes capacidades y repercusiones ya citadas.
3) Moral y ética
Los comentarios antes enunciados reconocen implícitamente la existencia de un imperativo ético y moral. Al mencionarlo debemos aclarar que, al redactar este trabajo, entendemos por moral la discriminación entre el bien y el mal que proviene naturalmente de nuestra condición humana, y aún de manera inconsciente, de nuestra formación familiar y comunitaria.. La moral suele explicitarse por preceptos y recomendaciones adoptadas por las “buenas costumbres” de quienes viven en sociedad o aun personalmente aislados. Sus normas, que suelen estar expuestas en los “mandamientos” de diferentes religiones, aparecen como exigencias personales, para todos los seres humanos y para cada uno de ellos, y permanecen inmutables o con muy leves variantes de interpretación durante el transcurso del tiempo. En síntesis podríamos expresar que la moral actúa libre y espontáneamente sobre el fuero íntimo y rige la conducta intrínseca y auténtica de todo individuo, tanto ante sí mismo como en su actuación hacia los demás.
En cambio la ética agrega a la moral una referencia e indagación racionales para analizar y guiar el comportamiento humano, particularmente en sus relaciones sociales, contemplando condicionantes que, provenientes del razonamiento y la reflexión, están ligados con la particular etapa de convivencia y desarrollo institucional y tecnológico que se transita en el tiempo y el lugar, asociados además con las creencias religiosas dominantes. Así la ética regula reflexivamente, fija prioridades y establece un orden jerarquizado de valores que orientan los comportamientos de las personas y su evaluación.
Los griegos fueron nuestros maestros para el raciocinio y la filosofía y quienes primero se adentraron en las consideraciones éticas y morales, desde los pre-socráticos(2) hasta Sócrates y Platón y luego Aristóteles, que en su “Ética Nicomaquea” arguye (siglo IV a. C.) sobre las virtudes y la manera de adquirirlas, hasta arribar a los epicúreos y los estoicos antes de la llegada del cristianismo.
Si abarcamos la historia humana advertimos que ya Confucio y Lao-Tse en China (600 a.C.), Buda en India, Moisés, N. S. Jesucristo y Mahoma fueron fundadores éticos y religiosos y encarnaron ejemplos de vida y de enseñanzas sobre cómo debía actuar la gente en su tránsito terrestre.
En nuestro mundo occidental han sido muy numerosos los filósofos que posteriormente y hasta nuestros días profundizaron el análisis moral y los conceptos éticos, entre ellos Hobbes, Spinoza, Locke, Hume, Kant, Scheler, Jonas. Sus divergentes valoraciones y teorías repercuten contemporáneamente en diferentes reacciones frente al avance tecnológico y su desafío. Y ello es así porque la consideración ética está íntimamente ligada con el reconocimiento, jerarquización y aplicación de valores como la bondad, la belleza, la verdad, y lo justo, lo noble, lo espiritual (y lo útil para la comunidad).
Los cambios de épocas y circunstancias provocan la emergencia de nuevos valores y la modificación de su ordenamiento jerárquico. Las reevaluaciones incesantes y necesarias de estos valores constituyen el trabajo reflexivo de la ética, el fondo del discurso ético.
En el libro Penser l´éthique des ingénieurs(3) su autora Christelle Didier incluye en pág. 146 la cita siguiente de Comte-Sponville quien, luego de postular que la moral se refiere al Bien y al Mal y la ética a lo bueno y lo malo, explica que:
Lo que llamamos moral y ética no son en verdad más que dos vías de acceso … dos vías ciertamente diferentes pero convergentes, porque conducen, por la obediencia (para la moral) como por la razón (para la ética), a una salvación común o al menos a una vida más feliz y más humana.
Y la autora menciona que más adelante, el pensador citado agrega que el Bien y el Mal de la moral se dan por absolutos y es por ello -el absoluto imponiéndose idénticamente a todos- que se pretenden universales. Por el contrario lo bueno y lo malo son siempre relativos a un individuo o a un grupo (lo que es bueno para mí puede ser malo para otro) y es por esto que toda ética es particular (Comte-Sponville André, “Valeur et verité”, París, PUF, 1994, p. 190).
Christelle Didier completa la cita anotando:
En fin, según André Comte-Sponville, la ética y la moral se distinguen no solamente por sus contenidos sino igualmente por sus objetivos. Mientras que la moral tiende hacia la virtud, la ética tiende hacia la sabiduría.
El substrato ético del proceder correcto y su dilucidación y adopción basados en la consideración de los valores imperantes deben ser reconocidos y asumidos por los ingenieros, cuyas acciones y relaciones profesionales y los productos que generan, modificatorios de la realidad preexistente, están impregnados de un profundo contenido de impacto humano, en su intencionalidad y por sus consecuencias.
En cita tomada del libro El desafío tecnológico en el mundo globalizado(4). SS. el Papa Juan Pablo II nos advierte (pág.156) que … el crecimiento inmenso del poder técnico de la humanidad requiere una conciencia renovada y aguda de los valores últimos. Si a estos medios técnicos les faltara la ordenación hacia un fin no meramente utilitarista, pronto podrían revelarse inhumanos, e incluso transformarse en potenciales destructores del género humano (texto proveniente de la Encíclica “Fides et Ratio”). A su vez en el mismo libro (pág. 116) el filósofo Juan José Sanguineti nos recuerda que la praxis humana incluye la praxis técnica (hacer cosas; hacerlas bien técnicamente) y la praxis ética (ser buenos, hacer el bien, adoptar y respetar los valores humanos), y concluye que cuesta más ser éticos que técnicos porque para ser éticos tenemos que poner en juego más resortes de nuestra personalidad, ya que es más fácil concentrarse en las propias habilidades adquiridas y desatender el resto.
Los conceptos anteriores corroboran nuestro convencimiento de que el ejercicio de la profesión de ingeniero implica una responsabilidad ética que es más compleja y va más allá de nuestra responsabilidad técnica. Dada la influencia de nuestra actuación profesional sobre la transformación del mundo físico y productivo y sus incidencias sobre las condiciones de vida, las relaciones humanas y los hábitos de la gente, las fallas o debilidades éticas del ingeniero pueden tener consecuencias mucho más graves, a veces inicialmente inadvertidas, que las fallas técnicas.
4) La tecnoética
En la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma se propuso adoptar el término “tecnoética” para referirse a la ética de las creaciones y aplicaciones tecnológicas en general y considerar su validez. La génesis de esta expresión y el análisis de la significación de la tecnología y su relación con la persona humana están expuestos en un documento difundido en 2001 por la citada Facultad que comienza así:
Con motivo de la celebración, en la Escuela Superior Santa Ana de Pisa (Italia), en Abril de 2001, de un seminario interdisciplinario sobre el aporte entre el hombre y la tecnología, fue acuñado a comparación de “bioética”, el término “tecnoética”. Más recientemente, un Workshop en robótica humanoide fue efectuado en Tokio entre expertos italianos y japoneses, quienes querían subrayar la dimensión ontólogica y ética que les ha permitido suministrar abundantes puntos de reflexiones sobre este nuevo argumento. La idea de fondo de la tecnoética consiste en evidenciar un sistema de referimiento ético que dé razón a la dimensión profunda de la tecnología como elemento central del alcance del perfeccionamiento finalístico del hombre. En este sentido, la tecnoética se diferencia de la deontología profesional del ingeniero, en cuanto se trata de arribar a la esencia misma de la tecnología como elemento positivo del ser humano. Esta es una idea no muy difundida en la cultura contemporánea que en base a diversos estímulos filosóficos resulta todavía largamente contraria a la tecnología. Es una cuestión paradójica: por una parte, el hombre de hoy tiene una enorme dependencia tecnológica; y por otra, cree que la tecnología es anti-humana, una realidad de la cual necesita defenderse. La propuesta de la tecnoética deberá servir, precisamente, para superar la paradoja.
Hemos mencionado el concepto “tecnoética” por su significación, pero la índole descriptiva de este trabajo no nos permite ampliar una discusión que se refiere al sentido profundo de la tecnología y como es lógico, repercute con su contenido filosófico sobre la ética de la ingeniería(5).
5) Reglas éticas para ingenieros
Ahora discutiremos si, para guiar sus acciones, el ingeniero debería adoptar reglas éticas y ajustar a ellas su comportamiento.
La respuesta de la ingeniería, en la gran mayoría de los países, ha sido afirmativa. Los ingenieros han adoptado por sí mismos normas de conducta, en general deontológicas (de “deon”: deber), que atienden el acto en sí juzgando las acciones correctas o incorrectas sobre la base de la conformidad de ellas con una regla moral (siguiendo ideas expuestas por filósofos como Emmanuel Kant, que consideró que el hombre bueno actúa rigiéndose por el deber, de acuerdo con un imperativo categórico). También fueron propuestas en ciertas ocasiones normas consecuencialistas que consideran primordialmente las consecuencias de los sucesivos actos y sus efectos sobre el entorno(6). O también se han aprobado códigos que incluyen ambos enfoques.
Para poder asumir cabalmente su responsabilidad ética propugnamos que el ingeniero debiera ser ante todo, además del hombre técnico, un hombre completo, un hombre que trate que su accionar se guíe por un sentido solidario y participativo, que avance por la vida generando acciones propicias para el bienestar de su entorno junto con el propio. Que actúe con firmeza y sencillez, como un decidido agente democrático, despojado de intenciones y privilegios corporativos y reconociendo la primacía del bien común, del bien de la comunidad en su conjunto.
Dicho con inspiración religiosa por Monseñor Juan Carlos Ruta: “El trabajo por penetrar, por transformar y humanizar el mundo, es un trabajo llamado a ser eterno. Es decir, no se acaba en la clase, no se acaba en el laboratorio. Ese esfuerzo es asumido para siempre….. El hombre, al conquistar el universo, tiene un solo camino viable y realmente humano: el del amor” (7)
El ingeniero integral que idealizamos debe poseer la formación tecnocientífica básica y elegir el campo de acción propicio para que aquellos propósitos puedan cumplirse. Pero además debe ser preciso en la ejercitación de normas prácticas de conducta que, más allá del encuadre legal e institucional, son requeridas como condicionantes relevantes de su profesión por la sociedad en general y por el conjunto de sus colegas y, en definitiva, por él mismo.
La adopción de códigos de ética fue iniciada a principios del siglo XX por asociaciones de ingenieros de Estados Unidos, aunque la reflexión e investigación sistemática sobre la ética de los ingenieros comenzó recién en la década de 1970, por lo que constituye una disciplina relativamente reciente(8).
Para no alargar excesivamente este trabajo no me referiré particularmente a códigos de ética de alcances nacionales o circunscriptos a especialidades de la profesión. Me limitaré en adelante a comentar suscintamente lo realizado al respecto por la Federación Mundial de Organizaciones de Ingenieros (FMOI) que es la entidad mundial que agrupa y representa a los ingenieros de todas las disciplinas, además de ser promotora y principal auspiciante de las “Convenciones Mundiales de Ingenieros” que se celebran cada cuatro años(9). Por otra parte conozco la gestación del tema por haber participado personalmente de los procesos de elaboración, discusión y adopción de los sucesivos códigos de ética que citaré a continuación.
6) Los códigos de ética de FMOI
El Ing. William (Bud) Carroll (ex presidente de FMOI) en carta dirigida en 2006 al entonces presidente de FMOI(10), recordó que:
… En el comienzo, FMOI no tuvo un Código de Ética. La primera semejanza de un Código se originó con Conrado Bauer, cuando su Comité de Ingeniería y Ambiente comenzó a trabajar en un Código Ambiental en 1981. Este Código fue formalizado y aceptado por FMOI en la Asamblea General en Nueva Delhi en 1985. Luego apareció la necesidad de desarrollar un Código de la práctica profesional. Numerosas personas proveyeron un conjunto de aportes y el resultado final fue asignar a Don Laplante de Canadá la tarea de desarrollar el Código Práctico. Éste fue finalizado y aprobado en 1993 y en 1995 se publicó un documento que contiene ambos Códigos Modelo (de Práctica y Ambiental). Durante los años ´90 apareció la preocupación de que el Código Práctico debía contener referencias al Desarrollo Sostenible, y como resultado de ello David Thom de Nueva Zelanda asumió la revisión del Código para enfatizar la necesidad de que los ingenieros asumieran en su práctica los principios del Desarrollo Sostenible …
El original “Código de Ética Ambiental para Ingenieros”(11), mencionado anteriormente, fue dirigido “para todos los ingenieros” al desarrollar “cualquier actividad profesional”. Aprobado en 1985 por la FMOI, fue rápidamente traducido a varios idiomas y adoptado por numerosas organizaciones nacionales de ingenieros.
En él se propuso que las consideraciones éticas de los ingenieros fueran mucho más allá de lo concerniente a su conducta en relación con sus colegas, jefes, subordinados y clientes: debían abarcar la intencionalidad de sus objetivos y los efectos de sus realizaciones sobre el entorno humano. Entre sus siete recomendaciones destaco las siguientes:
3. Discute en particular las consecuencias de tus propuestas y acciones, directas o indirectas, inmediatas o de largo plazo, sobre la salud humana, la equidad social y los sistemas de valores locales.
4. Estudia cuidadosamente el ambiente que será afectado, evalúa los impactos o daños que puedan sobrevenir en la estructura, dinámica y estética de los ecosistemas involucrados, urbanizados o naturales, incluido el entorno socio-económico, y selecciona la mejor alternativa para contribuir a un desarrollo ambientalmente sano y sostenible.
El Código de Ética Ambiental de 1985 se completó con un “llamamiento” a todos los ingenieros, llamamiento que FMOI ha incluido en sus posteriores versiones del “Código Modelo”(12).
Siete años después de aprobado el Código de Ética Ambiental, la Cumbre de Río de Janeiro (1992), la primera gran conferencia de Naciones Unidas luego de Estocolmo (1972), abordó el tema de “medio ambiente y desarrollo” y, tras los veinte años transcurridos desde Estocolmo superó estériles discusiones sobre la supuesta dicotomía entre protección ambiental y desarrollo económico adoptando el paradigma del “desarrollo sostenible”(13), dirigido a mejorar las condiciones de vida de todos los seres humanos y para el cual la protección ambiental es un respaldo necesario pero que no debe transformarse por sí misma en un objetivo que pueda postergar el crecimiento económico y social imprescindible para expandir equitativamente la distribución del trabajo y la riqueza y superar las tremendas desigualdades existentes.
Tal como también lo mencionó Bud Carroll en otro párrafo de su carta antes citada, FMOI aprobó en 1993 (Asamblea General en La Habana, Cuba) un “Código Modelo” que incluyó la ética profesional práctica y la ética ambiental. Luego el Código se reformuló y reordenó incluyendo conceptos vinculados con el desarrollo sostenible y fue tratado y adoptado por la Asamblea General de FMOI, Moscú 2000, en una versión muy elaborada y completa:
En su carta de presentación a la Asamblea de Moscú, los autores del proyecto, D. Thom, B. Carroll y C. Bauer expresaron:
… La razón que subyace al hincapié que hacemos sobre la importancia de este Modelo de Código para la Ingeniería radica en que nuestra profesión está cambiando rápidamente, especialmente desde el punto de vista de los negocios, ya que la mayoría de los proyectos de infraestructura mundiales -ya sean públicos o privados- son diseñados y construidos por importantes empresas ingenieriles privadas. Estas corporaciones, por medio de fusiones y adquisiciones, son principalmente multinacionales con oficinas en muchos países, pertenecientes a y operadas por diversos intereses nacionales. Como resultado de esta diversidad, las prácticas de negocios pueden variar mucho y, por lo tanto, es imprescindible esforzarse para determinar un nivel posible de comportamiento básico. Es esencial que nuestra profesión establezca valores y niveles bases que puedan ser alcanzados por todos. Es nuestra obligación que las pautas de responsabilidad ambiental, la salud y la seguridad de las personas, nuestra integridad y la de nuestros clientes sean nuestra prioridad. Debemos promover, alcanzar y mantener la equidad social, la prosperidad económica para todos y la integridad ambiental. Los principios descriptos en este Código deben formar parte de nuestra cultura de la Ingeniería. Todos somos conscientes de que existen diferentes culturas sociales, religiosas, raciales y morales en todo el mundo. Como ingenieros, debemos trabajar en forma conjunta con estas fuerzas diversas, poniendo énfasis en cómo la aplicación de nuestra tecnología puede beneficiar a la sociedad mundial. Como lo establece la introducción de este Modelo de Código, debemos adoptar una filosofía de comportamiento basada en los principios amplios de sinceridad, honestidad y honradez, de respeto a la vida y al bienestar, de justicia, de franqueza, de competencia y de responsabilidad …
El “Modelo FMOI de Código de Ética”, a cuya pertinencia y oportunidad se refieren las consideraciones anteriores, fue aprobado por unanimidad en Moscú (Asamblea General de FMOI, septiembre 14, 2001), sigue actualmente vigente y ha inspirado muchos otros códigos de organizaciones regionales y nacionales de ingenieros. Incluye cuatro capítulos: I Principios generales; II Ética de la práctica profesional; III Ética ambiental para el ingeniero; IV Conclusión. El texto aprobado, luego de desarrollar esos cuatro puntos, incluye una detallada “Interpretación del Código de Ética” (13).
El primer capítulo: “Principios Generales”, comienza con el siguiente párrafo:
Generalmente se entiende la ética como una disciplina o campo de estudio que trata los deberes y obligaciones morales. Esto normalmente da origen a una serie de principios directores o valores que, a su vez, son usados para juzgar la conveniencia de conductas o comportamientos particulares. Estos principios se presentan corrientemente, bien como grandes líneas directrices de naturaleza idealista o inspirada, o bien como una serie detallada y específica de reglas expresadas en términos legales o imperativos para hacerlas más aplicables. Profesiones a las que se les ha concedido el privilegio y la responsabilidad de autorregularse, como es el caso de la ingeniería, se han inclinado a optar por la primera alternativa, adoptando conjuntos de principios fundamentales como códigos de ética profesional que forman la base y la estructura para la práctica profesional responsable. En este contexto, los códigos éticos profesionales han sido a veces interpretados incorrectamente como un conjunto de ‘reglas’ de conducta a observar de forma pasiva. Sería más apropiado que los profesionales interpretaran el espíritu de estos principios a lo largo de su proceso de toma de decisiones de una manera dinámica que responda mejor a las exigencias de la situación. Como consecuencia, un código de ética profesional es más que una mínima norma de conducta; más bien es el conjunto de principios que deben guiar a los profesionales en su trabajo diario.
El Capítulo II, del “Modelo FMOI de Código de Ética”, detalla en nueve condicionantes la “Ética de la práctica profesional” de la manera siguiente:
Los ingenieros profesionales deben:
II.1. - Conceder la máxima importancia a la seguridad, salud y bienestar del público y a la protección del entorno natural y construido, en concordancia con los Principios del Desarrollo Sostenible(14).
II.2. - Fomentar la salud y seguridad en el lugar de trabajo.
II.3. - Ofrecer servicios, informar o acometer trabajos de ingeniería sólo en áreas de su competencia y ejercer su profesión de una manera cuidadosa y diligente.
II.4.- Actuar como agentes fieles de sus clientes y patrones(15), respetar la confidencialidad y dar a conocer los conflictos de intereses.
II.5- Mantenerse informados para conservar su competencia, esforzarse en hacer avanzar los conocimientos útiles a su profesión y proporcionar oportunidades para el desarrollo profesional de sus subordinados y colegas.
II.6.-Tener un comportamiento justo y bien intencionado con los clientes, compañeros y otros, reconocer el mérito donde sea preciso, y aceptar las críticas profesionales justas y honestas, o hacerlas.
II.7. - Ser conscientes de las consecuencias de su elección de tecnologías y de sus actividades o proyectos sobre la sociedad y el medio ambiente biofísico y socio-económico, hacer que sus clientes y patrones sean igualmente conscientes, y esforzarse en presentar de forma objetiva y veraz los temas técnicos al público.
II.8. - Explicar claramente a sus patrones y clientes las posibles consecuencias de todo rechazo o inobservancia de las decisiones u opiniones técnicas.
II.9. - Comunicar a sus asociaciones y/o a las organizaciones competentes cualquier decisión o práctica ilegal de la ingeniería o contraria a la ética por parte de los ingenieros u otros (16).
Luego en el Capítulo III se incluyen los siete puntos del original Código de Ética Ambiental de 1985 (ver Anexo), de los cuales hemos citado anteriormente dos de los más significativos. Aquel Código finalizaba con un párrafo que es consignado como punto IV del Modelo de Código FMOI aprobado en 2000. Ese punto IV “Conclusión” dice lo siguiente:
Siempre recuerda que la guerra, la avaricia, la miseria y la ignorancia junto con los desastres naturales y la contaminación y destrucción de los recursos inducidos por la actividad humana, son las principales causas del deterioro progresivo del entorno y que los ingenieros, como miembros activos de la sociedad, profundamente involucrados en la promoción del desarrollo, deben usar su talento, conocimiento e imaginación para ayudar a la sociedad a eliminar aquellos males y mejorar la calidad de vida para toda la gente.
En 2006, complementando la redacción original, FMOI decidió incorporar al Capítulo II de su Código Modelo de Ética dos nuevos artículos: uno relacionado con políticas sociales como la erradicación de la pobreza y la discriminación, y un segundo concerniente a la corrupción. Su redacción, propuesta por Bud Carroll, es la siguiente:
II.10 - Contribuir con su práctica profesional y sus acciones personales a la toma de conciencia y solidaridad de todos los pueblos y naciones, y a la erradicación de la pobreza, la discriminación y la segregación de la gente.
II.11- Adherir al principio de eliminar la corrupción en las profesiones de la ingeniería y la construcción aprobando cero-tolerancia para el soborno y el fraude, mediante la renuncia a:
a) Ofrecer o acordar cualquier ventaja pecuniaria o de otro tipo, para beneficio suyo o de su compañía o institución, o para una tercera parte, sea ello directamente a través suyo o de intermediarios, a cualquier empleado (agente oficial) local o extranjero, sean ellos gubernamentales o privados, para inducir, influir o modificar la opinión de ese empleado a fin de que le sea adjudicado o fraudalentamente mejorado el precio de cualquier contrato o compromiso relacionado con servicios de ingeniería y construcción.
b) Solicitar, ofrecer, acordar o aceptar, directa o indirectamente, como empleado de gobierno o persona que desempeña funciones públicas o privadas, cualquier artículo de valor monetario u otro beneficio como dinero, regalo, promesa o cualquier tipo de ventaja para sí mismo o para otra persona o entidad, a cambio de cualquier acción u omisión en el cumplimiento de sus deberes relativos a servicios de ingeniería y construcción.
Este contexto de “Modelo de Código de Ética para Ingenieros”, que WFEO propuso a las demás organizaciones de ingenieros regionales y nacionales, fue adoptado por varias de ellas. UPADI aprobó con variantes un código de ética similar, y lo mismo hizo la Academia Panamericana de la Ingeniería.
En particular el último artículo II.10 de FMOI fue inspirado en un texto adoptado previamente por la Academia Panamericana de la Ingeniería, mientras que el artículo II.11 sobre corrupción surgió de una intensa acción previa iniciada por ASCE (Sociedad Americana de Ingenieros Civiles) y asumida y discutida con particular detalle por FIDIC (Federación Internacional de Ingenieros Consultores) en 2002, y luego por la Academia Panamericana, la UPADI y la misma FMOI, todas las cuales continúan desarrollando acciones para combatir la corrupción tanto en la ingeniería como en las empresas constructoras de obras y en las entidades contratantes, privadas y gubernamentales.
Esa reacción anti-corrupción fue y es impulsada también por entidades intergubernamentales: la Organización de los Estados Americanos (OEA) ha aprobado la “Convención Interamericana contra la Corrupción”, mientras la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) tiene vigente la “Convención para combatir el fraude de funcionarios públicos extranjeros en los negocios internacionales”. En sus articulados, suscriptos por más de 60 países entre ambos, figura uno similar al II.11 de FMOI.
En 2004 la Convención Mundial de Ingenieros reunida en Shanghai(17) incluyó en su Declaración final un artículo sobre “Ética y Códigos de Conducta” en el que vuelve a insistirse sobre estos temas en los siguientes términos:
Deberían enfatizarse los principios de honestidad, equidad, eliminación de la coerción, corrupción y fraude, sobre los cuales se basan los códigos de ingeniería. Deberían mantenerse mundialmente niveles elevados en todos los aspectos del ejercicio de la ingeniería y fomentarse los debates sobre ética en ingeniería con miras a la adopción de códigos de conducta para todos los ingenieros y las organizaciones de ingeniería.
Por lo que ya hemos visto los códigos de ética adoptados por los ingenieros exponen habitualmente las exigencias que debieran cumplir sus acciones y relaciones interpersonales e institucionales. Se trata de una ética deontológica del ejercicio profesional.
Hemos referido cómo la FMOI introdujo conceptos consecuencialistas relacionados con el control de los efectos sobre el ambiente, aún de largo plazo, y el objetivo de propender al desarrollo sostenible. Podríamos llamarla ética de los fines o, mejor aún ética teleológica cuando las acciones consideradas se relacionan con los fines últimos del hombre.
Involucrando ambos aspectos éticos antes mencionados me parece oportuno citar párrafos del Ingeniero Héctor Gallegos Vargas del Perú, quien enuncia los “componentes” del comportamiento profesional en los siguientes términos(18):
- Sensibilidad ante el contenido ético de las situaciones, es decir, a cuestiones de bien y mal.
- Capacidad para determinar la decisión correcta de cómo actuar en cada situación particular.
- Compromiso y coraje para actuar de acuerdo con la decisión correcta a pesar de las consecuencias.
Asimismo el Ing. Gallegos, en lo que hemos denominado ética de los fines, postula que:
Además de las responsabilidades éticas de base, en esencia humanas, y de aquéllas que devienen de que la ingeniería es una profesión, la ingeniería, y por ende los ingenieros, tienen tres responsabilidades fundamentales que les son propias y que requieren un tratamiento ético especial. Ellas forman la ética de la ingeniería; son las que le dan dirección y sentido al ejercicio de la profesión y las que hacen de la ingeniería una profesión vital para la sociedad.
- Una es la responsabilidad de retener como deber supremo la seguridad, la vida y la salud, y el bienestar presente y futuro del ser humano y de la sociedad.
- La segunda proviene del uso que el ingeniero debe hacer de los recursos de la naturaleza para producir objetos y obras. Ella demanda que el ingeniero proteja el ambiente y cuide y enriquezca la naturaleza.
- Finalmente la ingeniería tiene la responsabilidad de proteger a la sociedad, dentro de los límites preestablecidos por ésta, de los efectos de los peligros naturales.
7) Responsabilidad y precaución
Para el filósofo Hans Jonas, autor del Principio de responsabilidad, una ética para la civilización tecnológica (1990), citado por Christelle Didier(19), una nueva ética resulta necesaria porque las premisas implícitas sobre las cuales se han apoyado las éticas no valen más hoy. Según él la promesa de las técnicas modernas se ha transformado en amenaza: El Prometeo definitivamente desencadenado, al cual la ciencia le confiere fuerzas nunca antes conocidas, y la economía su impulso desenfrenado, reclama una ética que, por limitaciones o entorpecimientos libremente consentidos, impida que el poder del hombre se transforme en una maldición para sí mismo (Jonas, 1990, pág. 13). A fin de evitar esta maldición, Jonas propone hacer de la idea de la responsabilidad el fundamento mismo de una concepción inédita de la ética. Invita a la filosofía moral a desarrollar una “heurística del miedo” que consista en consultar nuestros temores antes que nuestros deseos, a fin de determinar aquello que nos preocupa centralmente.
La necesidad de una nueva ética está ligada por Hans Jonas al crecimiento de los poderes de la técnica y sus impactos, pero principalmente se requiere esa nueva ética por el hecho de que la misma naturaleza del hombre viene a ser el objetivo del actuar técnico que aparece radicalmente nuevo, porque ninguna ética anterior había tomado en consideración la condición global de la vida humana y el porvenir lejano de la existencia de la especie humana (Jonas 1990, pág. 26). Aquí podríamos acotar como ejemplo que disciplinas relativamente nuevas como la biotecnología y la nanotecnología abren nuevas posibilidades de mejoramiento pero al mismo tiempo despiertan temores que deben controlarse; lo mismo podríamos comentar sobre las preocupaciones que origina el proceso de cambio climático (o el cambio ambiental global, en su significado más amplio).
Según Jonas todo se ha modificado ante la peligrosa vulnerabilidad de la naturaleza frente a la crecientemente poderosa intervención tecnológica del hombre (las preocupaciones que expresa Jonas repercuten en las advertencias del Papa Juan Pablo II en su Encíclica “Fides et Ratio” de 1998 citada anteriormente en el Capítulo 2 de este trabajo. En ambos casos se aconseja ser precavidos en el uso de la tecnología, pero no se rechaza su contribución positiva para el mejoramiento de las condiciones de vida de la sociedad civilizada(20) ni se cuestiona el protagonismo realizador que ha asumido la ingeniería). La idea de una “responsabilidad hacia las generaciones futuras” encuentra una traducción política en torno del concepto de “desarrollo sostenible”, uno de cuyos objetivos es permitir satisfacer las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras. La aspiración moral de Hans Jonas ha encontrado igualmente una traducción jurídica en el principio precautorio o criterio de precaución que ha nutrido el debate ético sobre el porvenir de las tecnologías modernas. Fue incluido como Principio 15 de la Declaración de Río (1992): Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente.
Ideas sobre la responsabilidad en las aplicaciones tecnológicas, desarrollo sostenible y el principio precautorio, propuestas por Jonas para toda la gente, han sido especialmente asumidas por los ingenieros como obligaciones éticas.
8)Desastres naturales y accidentes tecnológicos
La protección ante los efectos de los fenómenos naturales peligrosos (terremotos, maremotos, tsunamis, sequías, inundaciones, erupciones volcánicas, huracanes, ciclones, incendios de praderas o bosques, heladas, granizo, etc.) se efectiviza desarrollando medidas preventivas para paliar o al menos no agravar las consecuencias de esos peligros naturales cuando ellos se concretan. Esas precauciones deben considerarse en la etapa de programación de las realizaciones ingenieriles, particularmente al definir la ubicación y el diseño de obras de infraestructura o de construcción de edificios o conjuntos de viviendas, explotaciones agrarias, forestales, mineras, etc. Asimismo se requiere investigar la posibilidad de anticipar la índole, emergencia y magnitud de los posibles peligros y programar las acciones de mitigación o adaptación, o protección y rescate a seguir una vez producidos los mismos.
Pero donde más se pone en juego la responsabilidad y el comportamiento ético del ingeniero es en su misión de detectar e informar a los posibles usuarios, a la población en general y particularmente a los decisores de su utilización, los riesgos que pueden presentar el desarrollo y la aplicación de determinadas tecnologías o, en particular, la realización de un proyecto de infraestructura o de un proceso u objeto tecnológico específico (sustancia, máquina, vehículo, sistema productivo o de servicio, estructura resistente, etc.), ya sea advirtiendo sobre lo ya existente o anticipando resultados previsibles de una propuesta de innovación, así como posibles problemas originados por fallas de operación o falta de mantenimiento. Los ingenieros deben preocuparse por estas situaciones, y prevenir o tratar de evitar mediante medidas de control (y eventual difusión) toda clase de riesgos tecnológicos. Esta sería una manera de aplicar el “principio precautorio”, como por ejemplo intensificando los estudios previos para predecir el posible impacto de aplicar un nuevo desarrollo tecnológico(21): requerir una correcta evaluación tecnológica (technology assessment) debería prevenir la introducción en el mercado de algunas propuestas (pretendidas innovaciones) sin un apropiado análisis previo.
La palabra “riesgo” se ha utilizado históricamente asociada en su significado a la idea de falta, falla, imprevisión. “Por tanto la noción de riesgo se ha distinguido de la noción de peligro. Mientras que, etimológicamente, la noción de peligro ha sido siempre asociada a la del mal, a la fatalidad, el riesgo está asociado a la noción de accidente, ese mal “normal” típico de las sociedades industriales”(22). La cuantificación del riesgo, tema central de las empresas aseguradoras, convoca estudios matemáticos estadísticos, aleatorios y probabilísticos, y toma en cuenta la probabilidad asignada a un evento dañoso y la vulnerabilidad del posible recipiente(23).
Las últimas décadas del siglo XX fueron pródigas en grandes avances tecnológicos y, paralelamente con sus numerosas aplicaciones, en la proliferación de accidentes significativos y, en varias ocasiones, de verdaderas catástrofes. Las razones fueron diversas. En general, los accidentes ocurridos fueron producto de lo limitado de los conocimientos y la audacia irreflexiva de los diseñadores, la carencia de apropiadas verificaciones por parte de los ejecutores, o fallas del entrenamiento de los operadores. Pero en muchas ocasiones prevalecieron la falta de escrúpulos, cuestiones de prestigio, de urgencias, o de avidez de beneficios económicos por parte de los responsables de decidir las realizaciones respectivas, consentidas por la insuficiente personalidad, debilidad de carácter, negligencia o inseguridad por parte de los responsables técnicos que debían detectar los posibles problemas y advertir sus peligros. También a ellos les hubiera correspondido imponer la prudencia y adoptar los necesarios recaudos para reducir los riesgos, circunscribiéndolos dentro de márgenes aceptables, lo que ha sido y debe ser habitual en los proyectos de ingeniería.
Constituye advertencias aleccionadoras conocer los episodios de los desastres tecnológicos más significativos y trágicos, y extraer consecuencias de los mismos.. Aunque tuvieron gran resonancia mediática y pueden consultarse en Internet y en la abundante bibliografía alusiva(24), me parece conveniente enumerar sucintamente algunos de ellos y reflexionar sobre los problemas que plantean al ejercicio responsable de la ingeniería.
Dos muy expresivos se refieren a la fabricación defectuosa de vehículos (el automóvil Ford Pinto en la década de 1970 y el trasbordador espacial Challenger en 1986, ambos en Estados Unidos); las fallas fueron advertidas anticipadamente por los ingenieros de diseño pero la construcción igualmente fue decidida con consecuencias catastróficas: numerosos incendios del automóvil Pinto se produjeron, como había sido previsto, al explotar el tanque de nafta luego de impactos traseros; a su vez el incendio del trasbordador ocurrió durante su lanzamiento, al fallar una válvula de seguridad. Estos accidentes provocaron pérdidas de vidas humanas. Igualmente lamentable fue el desastre, en 2003, del “space shuttle” Columbia, cuyos responsables del lanzamiento no extremaron el control de las condiciones de seguridad requeridas.
Otras dos catástrofes tecnológicas correspondieron a fugas de material radiactivo, altamente tóxico, por fallas de reactores atómicos construidos para generar electricidad (Three Mile Island, USA, en 1979, y Chernobyl, Ucrania, 1986). Ambos accidentes se debieron a diseños incompletos de los sistemas de control y a errores humanos de operadores deficientemente entrenados.
Un episodio de trágicas consecuencias ocurrió en Bhopal, India, en 1984, en una planta destinada a fabricar pesticidas; un accidente motivó la liberación de toneladas del gas venenoso metil-isocianato, con decenas de miles de personas afectadas permanentemente de las cuales 3.800 perecieron dentro de las tres primeras semanas luego del accidente; se verificó posteriormente que habían existido fallas en el diseño y en la conservación de los sistemas de protección, carentes de una revisión sistemática. También se evidenciaron deficiencias de gestión, y del mantenimiento general de las instalaciones y la auditoría de los procesos técnicos.
Otros casos sintomáticos y extraordinariamente numerosos en todo el mundo han sido originados por el vertido, en cursos naturales de agua, de efluentes líquidos provenientes de procesos altamente contaminantes, sin tratamiento purificador previo. Un episodio paradigmático y lamentable por sus trágicas consecuencias fue el de Minamata, ciudad de 50.000 habitantes situada en el extremo occidental del sur de Japón, donde en 1932 se instaló, bienvenida por la población como fuente de trabajo, una fábrica de productos químicos, que produjo inicialmente pesticidas y que luego se amplió a otros productos. Allí se generaban efluentes líquidos con alto contenido de metilmercurio que, sin ningún tratamiento correctivo, se arrojaban al río Minamata y por él eran conducidos a la bahía marítima del mismo nombre donde contaminaron peces y mariscos, contaminación que la cadena trófica condujo a pájaros y mamíferos y a la población humana. Posteriormente a la segunda gran guerra mundial comenzaron a aparecer síntomas extraños de tipo neurológico, primero en animales y luego en las personas, con trastornos del comportamiento y gravísimas deformaciones físicas. Luego de años de investigaciones se llegó a la conclusión de que el causante del mal, llamado “enfermedad de Minamata”, eran los desperdicios con alto contenido de mercurio vertidos por la fábrica, que recién en 1968, luego de 36 años de funcionamiento desaprensivo, y ante las evidencias reunidas, comenzó a efectuar un tratamiento efectivo de depuración de sus efluentes antes de arrojarlos al recipiente fluvial.
Situaciones con otras características pero de similar gravedad se han producido en varios lugares del mundo, por ejemplo en suburbios de Sao Paulo (Brasil) donde efluentes líquidos y gaseosos de diversas industrias provocaron la contaminación extrema del río Tieté y zonas vecinas, originando graves enfermedades pulmonares y aún genéticas en las décadas de los años1960 y ´70. Recién luego de enérgicas medidas de control se consiguió reducir sensiblemente ese daño de origen tecnológico.
Catástrofes frecuentes se han producido también por el colapso de estructuras resistentes de puentes y edificios, en general originadas por fallas de diseño o de carácter constructivo, éstas ante carencias o inadvertencias de las especificaciones y de los controles necesarios durante la construcción de las obras(25).
Muchos otros accidentes técnicos han sido provocados por el mal uso o falta de mantenimiento de instalaciones y artefactos de electricidad y gas, y de muchos otros sistemas de servicios y vehículos, así como se han producido numerosos accidentes de trabajo por carencias de las necesarias medidas de prevención y control.
No es necesario remarcar que, además de los casos puntuales tan alarmantes antes mencionados, resultan de gravísimas consecuencias, y de carácter masivo, los desastres, crecientemente producidos por la acción humana, debidos a la silenciosa y acumulativa polución, contaminación y destrucción de los ecosistemas y los recursos naturales y construidos por el hombre, con su consecuente producción de la crisis ambiental global (o cambio ambiental global, parte importante del cual es el proceso de calentamiento global).
Todo lo antes descripto nos permite reflexionar sobre la responsabilidad de los ingenieros y técnicos que condujeron los respectivos procesos, ya sea por inconveniencia de los proyectos, por desconocimiento sobre sus perjudiciales efectos, o por desaprensión o negligencia para prevenirlos y evitarlos. Después de las evidencias acumuladas y de las discusiones, conclusiones y propuestas ocurridas durante la cumbre de Naciones Unidas en Río `92, los ingenieros ya no podemos alegar ignorancia, particularmente sobre los daños ambientales, y debemos afrontar plenamente las consecuencias de nuestras acciones u omisiones. Debemos además evitar y denunciar proyectos que excedan o ignoren los límites de seguridad. Toda actividad irrazonable o equivocada de los ingenieros debería ser cuestionada por las entidades que controlan la corrección de las prácticas profesionales.
Debemos convenir y recordar que permanentemente, siempre y en todo lugar, los ingenieros debemos controlar cuidadosamente el diseño, ejecución, uso, mantenimiento, obsolescencia, descarte (retiro de servicio), re-uso, reciclado y destino final de toda clase de productos de la ingeniería, su respectiva seguridad y su impacto (”de la cuna a la tumba”) sobre el ambiente físico y social.
Además de las culpabilidades que pueden ser sancionadas legalmente, existe una substancial responsabilidad ética que los ingenieros debemos asumir para evitar o corregir, ya y hacia el futuro, estas dolorosas situaciones a que nos ha conducido, en el proceso de desarrollo tecnológico y económico, la carencia o defectuosa aplicación de los controles necesarios para el cuidado de la seguridad y la salud. Río `92 ha denunciado estas fallas pero ha considerado que los daños producidos por el desarrollo tecnológico no suficientemente previsor sólo podrán corregirse, y no repetirse, mediante un actualizado proceso tecnológico, consciente y prudente, pleno de responsabilidad y capacidad transformadora, por parte de ingenieros bien capacitados y bien actualizados, un proceso tecnológico sostenible, no gobernado por el afán de lucro sino que conduzca decididamente hacia un desarrollo auténticamente respetuoso de los seres humanos y del ambiente. Para obtenerlo debemos apelar a un sistema de formación integral de los ingenieros, asegurando sus bases científicas y tecnológicas de conocimientos, sus aptitudes de discernimiento crítico y una actitud previsora, eficaz y cuidadosa de aplicación, pero fundamentalmente afirmando su responsabilidad ética y social(26) y su capacidad para advertir cuándo resulta necesario discutir y compartir planes con otros expertos como científicos sociales, economistas y filósofos.
Somos conscientes que estos problemas no se resuelven únicamente aprobando y aplicando Códigos de Ética, pero consideramos que sus antecedentes y advertencias, discutidos y divulgados en las escuelas de enseñanza de la ingeniería, en las organizaciones de ingenieros y en los organismos de control del ejercicio profesional, pueden contribuir decisivamente a determinar actitudes apropiadas para extremar las precauciones sanamente exigibles.
La ingeniería trabaja actualmente para enfrentar y superar ese desafío
Así podrá afirmar sus cálculos y previsiones de seguridad y cumplir íntegramente con los procesos precautorios, además de responder negativamente las preguntas que formula el ingeniero Gallegos en la obra que antes hemos citado: ¿Se puede ejercer la ingeniería cuando se carece de la competencia tecnológica y de la experiencia debidas? ¿Puede un ingeniero someter su responsabilidad con la sociedad a la responsabilidad con su empleador? ¿Puede un ingeniero rendir su independencia a la empresa?
Debemos concluir que, además de capacitarse manteniéndose atento para percibir las novedades, y no actuar técnicamente más allá de lo permitido por una correcta auto-estimación o por el control institucional de sus conocimientos, el ingeniero debe extremar sus análisis y su insistencia para asegurar el cumplimiento y ejecución de las propuestas cuya eficiencia y seguridad puede avalar. Ésa es una de las lecciones que nos dejan las catástrofes antes mencionadas. De no ser correspondido inicialmente por sus jefes o decisores, convendrá que el responsable técnico efectúe consultas interdisciplinarias con asesores especializados de confianza y, de ser corroborado el acierto de sus propuestas, deberá exponerlas a los decisores privadamente, con todos sus argumentos; si no fuera atendido, podrá recurrir a una reunión con testigos hábiles y si aún así su propuesta no prosperara, denunciar la situación ante las entidades profesionales que lo representan o que están habilitadas para velar por el ejercicio correcto de la profesión (”whistle blowing”). Estas entidades deben estar preparadas para actuar con propiedad y energía para dilucidar, denunciar y sancionar a los responsables de acciones lesivas para la correcta práctica profesional o para requerir asesoramiento al respecto de los organismos regionales o mundiales (FMOI o FIDIC). Eso es lo que propone el Modelo de Código de FMOI en sus artículos 7, 8 y 9 del Capítulo II “Ética de la Práctica Profesional”.
Ya N.S. Jesucristo, según el Evangelio de Mateo (XVIII,15-17) había aconsejado a sus discípulos en estos términos: “… Si tu hermano peca, repréndelo entre tú y él solos, si te escucha habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha toma todavía contigo un hombre o dos, para que por boca de dos testigos o tres conste toda palabra. Si a ellos no escucha, dilo a la comunidad”.
9) La ética de la ingeniería (engineering ethics) (27)
Durante los últimos lustros numerosos autores han discutido, particularmente en USA, los aspectos finalísticos o teleológicos del accionar de los ingenieros y si en particular, además de una ética individual para cada ingeniero, debería meditarse y adoptarse una ética del conjunto de la actividad de la ingeniería, una “ética de la ingeniería”.
Podemos aceptar que las cuestiones concernientes a la “ética de la ingeniería” “son más amplias que los problemas morales a los cuales son confrontados de manera personal los ingenieros. Aquéllas incluyen problemas morales (y éticos) originados por la ingeniería en su conjunto y a los cuales deben hacer frente, además de los ingenieros, “muchas otras personas tales como los consumidores, los gerentes, los sabios, los juristas, …”. En este enfoque la “ética de la ingeniería” no concierne únicamente a los ingenieros, lejos de ello, ni aún a los solos decidores técnicos en sentido amplio, sino al conjunto de actores sociales afectados por las decisiones técnicas.
No se debe abordar las ciencias y la tecnología como entidades autónomas separadas de su contexto social, sino por el contrario asumirlas como entidades complejas que se desarrollan en contextos específicos, modelando los valores humanos y siendo modeladas por ellos. Más aún en el caso de la ingeniería, realizadora por excelencia, que en una versión restringida podemos aceptar que como tal no produce saberes sino que aplica sus criterios científicos y su creatividad autónoma para producir objetos, sistemas y métodos, y seleccionar y aplicar tecnologías que transforman el mundo. Por ello se ha llegado a decir que la ingeniería es un “experimento social” ya que “mientras la ciencia toma el mundo en su laboratorio la ingeniería toma al mundo como laboratorio(28).
En su carácter de realizador práctico el ingeniero debe actuar como puente entre las explicaciones y fundamentos científicos y los inventos de la tecnología por una parte y la sociedad como destinataria de sus productos por la otra. Ello hace que el ingeniero sea a la vez científico, sociólogo y hombre de negocios.
Así el trabajo del ingeniero se distingue del científico por sus impactos sobre el entorno humano pero también por la manera como se ejerce sobre él la restricción económica para producir la innovación tecnológica, es decir, para producir la realización efectiva de novedades.
Es por ello que el cuestionamiento ético de la profesión de ingeniero y de la ingeniería en su conjunto (engineering ethics) merece un tratamiento independiente de las reflexiones éticas sobre las ciencias o el trabajo científico. La especificidad del saber propio del ingeniero es no ser ni puramente científico ni social sino una combinación de ambos que, a la búsqueda de la belleza técnica debe agregar la solución funcional y la factibilidad económica, y a la audacia creativa debe acompañarla con el análisis del riesgo y el control integral de su contribución para el desarrollo sostenible, con sus propósitos de preservación del medio, reducción de los aspectos negativos del cambio ambiental global, y búsqueda de la equidad y armonía sociales.
Algunos sostenedores del concepto de “ética de la ingeniería” y la necesidad de un control social de la ingeniería también han cuestionado la capacidad de los ingenieros para sostener principios éticos y autorregularse por códigos de ética, cuando son integrantes de los “cuadros” o personal sin poder de decisión en instituciones y empresas públicas y privadas.
El ingeniero y ensayista americano Samuel C. Florman se muestra escéptico frente a esas obligaciones atribuidas a los ingenieros y sostiene que éstos no están mejor calificados que los otros ciudadanos para determinar qué es mejor en cuanto al desarrollo tecnológico.
Sin embargo Christelle Didier concluye citando que, si bien el enfoque interaccionista considera que todos los actores (y receptores) tienen un rol en el desarrollo tecnológico, son los ingenieros quienes realmente poseen de hecho una posición especialmente imbricada con él y, por consecuencia, obligaciones muy particulares. Uno de sus roles es ciertamente proyectar, proponer o adoptar diseños, métodos y especificaciones técnicas, pero al hacerlo estos ingenieros pueden también sugerir alternativas a sus superiores o clientes (y tienen la obligación ética de proponerles en ciertos casos). No es quizás siempre de su incumbencia indicar el impacto social y sobre todo las implicaciones morales de las alternativas. Sin embargo, en los hechos, esto forma parte de su responsabilidad práctica puesto que a menudo son los únicos que pueden hacerlo. Las consecuencias de diferentes elecciones técnicas no pueden ser siempre evaluadas por sus superiores o clientes, que en general no están en condiciones para ello y les dispensan confianza a los ingenieros.
Además, según Davis (29), las relaciones que mantienen los ingenieros con sus gerentes (patrones) configuran un proceso donde el consenso es la norma, donde los ingenieros tienen generalmente el poder de veto sobre las decisiones gerenciales.
Es así como las reflexiones sobre los impactos de la ingeniería en el mundo social nos invitan a investigar los lugares donde se ejerce el poder de los ingenieros, más allá de los aspectos más visibles que residen en el juego de relaciones de autoridad. Y se reconoce que, en definitiva, el poder de los ingenieros no es forzosamente visible únicamente en las tomas de posiciones heroicas. Las cuestiones éticas pueden encontrarse habitualmente en las decisiones ordinarias y aún igualmente en la ausencia de decisiones.
Concluimos pues que aun cuando puedan existir interacciones o controles comunitarios o jerárquicos, la responsabilidad ética de las acciones de la ingeniería recae en la práctica sobre los propios ingenieros, tal como se ha sostenido previamente en los capítulos 6 y 7. Podemos apreciar, además, que esta responsabilidad es asumida habitualmente por los ingenieros actuantes, cuando ellos son realmente ingenieros profesionales.
10) Recaudos éticos inducidos por las entidades multilaterales
Después de la Cumbre de Río, la adopción mundial del paradigma del “desarrollo sostenible” y “la reivindicación” de la tecnología y la ingeniería, las entidades financieras multilaterales se han preocupado por la consideración de las cuestiones éticas y sociales.
En 1995, durante la presidencia de Jim Wolfensohn, el Banco Mundial (The International Bank of Reconstruction and Development), con la coordinación de su vicepresidente para Desarrollo Ambientalmente Sostenible, Ismail Serageldin organizó una conferencia sobre “Ética y valores espirituales - Promoviendo al desarrollo sostenible”.
Notables personalidades mundiales participaron activamente de la reunión: En su discurso de apertura el Presidente explicó su convicción de que El comportamiento de los individuos y las prioridades de la sociedad dependen de los valores morales, éticos y espirituales de la gente. Demasiado recientemente se acepta que existe una dicotomía entre el mundo real de los asuntos prácticos y el mundo ideal de la moral y el espíritu. De aquí que la transición al desarrollo sostenible no sea una opción simple y debe asumirse como un imperativo para nuestra supervivencia. Nuestras actuales pautas habituales de producción y consumo son insostenibles y debemos cambiarlas.
En el Prefacio de la publicación que registra el desarrollo de la significativa reunión(29), I. Serageldin reconoce la importancia de las relaciones entre los valores y el desarrollo sostenible y agrega que el diseño de futuros desarrollos debe incorporar las creencias y los valores de los beneficiarios considerados.
Durante el transcurso de la conferencia diferentes oradores expusieron conceptos relevantes relacionados con el tema central propuesto; entre ellos M. Yunus, el fundador del Grameen Bank de Bangladesh, recordó su concepción básica: Permítasenos aceptar la responsabilidad de asegurar la dignidad de todos y cada uno de los seres humanos del planeta. Debemos diseñar los negocios para construir mejor gente en lugar de llevarla a perder ayuda y ser abandonada.
Clausurando el debate I. Serageldin dijo: mientras que es verdad que el sector privado es el motor del crecimiento, nosotros también necesitamos atemperar la insensible eficiencia de distribución del mercado con un Estado promotor y solícito. Necesitamos encontrar un balance entre los gobiernos nacionales y locales. Necesitamos balancear el rol de las organizaciones no gubernamentales, las de base comunitaria y las internacionales de manera que el conjunto sea mayor que la suma de las partes.
Por su parte el Banco Interamericano de Desarrollo también se ha preocupado por estas cuestiones y celebra anualmente en febrero un “día de ética y desarrollo”. Publica regularmente comentarios sobre la “Agenda Ética Pendiente”, ha insistido sobre la necesidad de eliminar la corrupción en todas las instancias de intervención del Banco y en promover la ética, el “capital social” y el desarrollo, a través de la “Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y Desarrollo”.
Reflexionando sobre ética y asuntos sociales resulta pertinente observar que el BID utiliza terminologías dominadas por un vocabulario economicista: así habla de “capital social” para referirse al grado de solidaridad social alcanzando por una comunidad organizada y cooperativa, o utiliza la difundida alusión a “recursos humanos” para designar a la gente capacitada, a los seres humanos productivos. Así como antes hemos mencionado la necesidad de partir de valores y visiones prospectivas positivas para avanzar hacia el desarrollo sostenible, también podemos ahora bregar por un uso apropiado del lenguaje, que debe ser profundamente ajustado y significativo para afirmar el respeto a la dignidad humana y de esta manera cultivar valores auténticos y una limpia voluntad política.
Recordemos que UNESCO ha propuesto el ya mencionado concepto de “desarrollo humano sostenible” para enfatizar la intención y el destino humano del desarrollo, tal como lo proclamó en su primer artículo la Declaración de Río `92. Y también UNESCO enfatiza la importancia de la ciencia, la ciudadanía y los valores como fundamento deseable de la educación.
Evidentemente toda esta convicción internacional nos incluye y debe movilizarnos a los ingenieros para adoptar y ejercitar en nuestro desempeño profesional y ciudadano los valores positivos fundamentales que afiancen nuestras responsabilidades éticas y sociales al servicio de la sociedad y su progreso integral.
11) La responsabilidad social de los ingenieros
Debido a la incidencia de sus actividades profesionales sobre el ambiente físico y la manera de vivir de la gente las responsabilidades sociales de los ingenieros resultan muy diversas y significativas.
He seleccionado cuatro de ellas para comentar: 1) el mejoramiento profesional; 2) la solidaridad global; 3) el compromiso local; 4) la inmersión cultural.
11.1 Mejoramiento profesional(30)
En primer lugar debemos enunciar que es una eminente responsabilidad social de todo ingeniero mantener y perfeccionar firme y paultinamente su condición básica y esencial de ser un ingeniero, un buen ingeniero. Para ello deberá preocuparse por el mejoramiento continuado de su capacidad (y calidad) de acción profesional, actualizando permanentemente su información local y mundial junto con sus conocimientos técnicos, económicos, sociales y culturales, y cooperando con entusiasmo, solidaridad y espíritu participativo para responder con esmero a los requerimientos de los receptores de su trabajo, así también como apoyar a sus instituciones profesionales(31) y expandir sus posibilidades personales de interacción y comunicación públicas.
11.2 Solidaridad global
Está claro que la solidaridad global de todos los ingenieros y sus instituciones representativas en apoyo a las decisiones internacionales que les competen constituirían una fuerza extraordinaria para promover un fuerte avance en el cumplimiento de los programas afines convenidos por la Organización de las Naciones Unidas (por ejemplo: en relación con el desarrollo sostenible, la salud, la educación, la reducción de la pobreza y la eliminación del hambre).
De acuerdo con estos programas internacionales el desarrollo equitativo y sostenible, el “desarrollo humano sostenible”, no tiene por qué ser igual al progreso hasta ahora alcanzado por los países líderes, con sus luces y sus sombras. Debería ser mejor, mucho más solidario, participativo e integral, con necesidades básicas equitativa y razonablemente satisfechas, con justicia y libertad, con aliento cultural, espiritual y ético, sin excluidos ni postergados, tanto dentro de cada país como en el conjunto mundial de países y regiones.
Éste es un anhelo que muchos compartimos y que depende de la concientización y el esfuerzo de todos, aunque su realización efectiva requiere primordialmente la comprensión y apoyo de los conductores políticos y de las grandes corporaciones financieras y económicas. Sin embargo los ingenieros también sabemos que todo el progreso tecnológico y su aplicación, que tanto influyen sobre el desarrollo, son efectivizados por las realizaciones de la ingeniería. Con esa convicción, sabiendo que no basta con cumplir las leyes para ser socialmente responsables, y con la consiguiente determinación de actuar para aconsejar las prioridades de planeamiento y acción y las características prácticas más convenientes de cada proyecto, y trasmitirlas con claridad y firmeza a quienes toman las decisiones, la ingeniería, los ingenieros y sus instituciones representativas, pueden ejercer una real influencia sobre el rumbo del desarrollo y sus motivaciones y consecuencias sociales. Esa preocupación por actuar de manera individual e institucional con solidaridad global en la búsqueda de un auténtico desarrollo humano sostenible constituye pues una primordial responsabilidad social de la ingeniería en su conjunto y de cada ingeniero en particular.
Otros objetivos acordados por la ONU, tales como las Metas de Desarrollo del Milenio (MDG en inglés) y las prioridades establecidas en Johanesburgo (2002): agua, energía, salud, agricultura y alimentación, biodiversidad (WEHAB, según si sigla en inglés) deben asimismo convocar y ser asumidas por todos los ingenieros.
Y aclaremos que cuando hablamos de desarrollo sostenible, o de desarrollo humano sostenible, no nos referimos solamente a que nuestros proyectos y realizaciones sean ellos, de por sí solos, sostenibles. Es decir: no debemos preocuparnos solamente porque en su ciclo de vida nuestros proyectos no deterioren la Naturaleza o el medio ambiente físico en general. No, además de cumplir con esa premisa, nuestro objetivo debe ser mucho más amplio: procurar que nuestros proyectos y realizaciones, en la medida de sus posibilidades, aunque fueran aparentemente pequeñas, contribuyan al avance conjunto hacia ese desarrollo integral y sostenible que hemos mencionado, hacia la disminución de la pobreza, del aislamiento físico, del marginamiento social, de la insalubridad, de la desnutrición, de las situaciones que dificultan o hasta impiden a numerosos grupos sociales estudiar, trabajar, progresar y compartir.
Aún reconociendo que ese esfuerzo que reclamamos de los ingenieros es más difícil de realizar con éxito cuando se efectúa dentro de la actividad privada, necesitada del rédito económico, consideramos que el ingeniero debe intentarlo siempre, tanto cuando actúa en forma dependiente como independiente, y que debe acentuar el esfuerzo, impulsando la “responsabilidad social empresaria” (RSE), cuando accede a posiciones gerenciales de decisión dentro de las empresas privadas. Recordemos que la RSE está imponiéndose entre los empresarios que sienten que, como parte de la sociedad, deben progresar junto con ella, y que por consiguiente su contribución social no debe limitarse a producir bienes y servicios y a generar trabajo y procurar obtener ganancias que permitan reinversiones y mejoramientos productivos, sino también a ayudar a solucionar problemas sociales y ambientales de su entorno.
Finalmente: nos parece indudable que el compromiso de los ingenieros para analizar, proponer y ejecutar acciones que viabilicen el desarrollo integral, sostenible y para todos, debe ejercerse plenamente cuando trabajan como funcionarios o técnicos del Estado; es en las tareas de gobierno y en sus oficinas técnicas donde debe primar decididamente el objetivo solidario de apoyar e impulsar los esfuerzos para la emergencia de los postergados y marginados, proveyéndolos de las condiciones básicas de oportunidades de estudio y trabajo, y de la infraestructura y servicios que les permitan avanzar en el proceso de incorporación hacia su progresiva asimilación social, económica y cultural.
Resumiendo: los ingenieros que actúan en funciones técnicas y directivas de gobierno deberían cumplir dos requisitos especiales para responder a sus responsabilidades sociales. Ellos son: 1) contribuir con el proceso inclusivo de los pobres y marginales; 2) compartir con ellos ese proceso de una manera responsable, participativa y alentadora, creando condiciones favorables para el crecimiento individual y colectivo de todo el conjunto social, con armonía e integralidad.
Para que las actitudes antes enunciadas sean asumidas por todos los ingenieros debe existir en su educación una capacitación técnica abarcadora y una formación ética y cultural que desarrollen una convicción profunda para que, pese a que su trabajo suele, en general, ser demandado por quienes poseen mayores recursos económicos y limitados compromisos sociales, los ingenieros se sientan impulsados a actuar con decisión de manera de facilitar y compartir con marginados, y también con los poderosos, iniciativas y realizaciones que contribuyan al mejoramiento de los menos dotados económica y culturalmente.
“… Hay un requerimiento de coraje civil basado en el compromiso de asegurar un mundo sostenible y justo. Las acciones individuales pueden marcar la diferencia: con el solo hecho de vivir ya se contribuye … a la conformación de su sociedad y al curso de su historia, aun pese a que cada individuo es modelado por su sociedad y sus vaivenes. Mientras que enseñar principios éticos a los ingenieros es de por sí importante, ello deber verse como parte de una más amplia red de acciones que se desarrollan en distintos campos y que en conjunto configuran un mundo más ético y sostenible”(32).
También Hans Jonas exhortó a todos los individuos para actuar, de manera que los efectos de sus acciones sean compatibles “con la permanencia de una vida humana genuina“, propuesta sobre la cual deberíamos reflexionar los ingenieros.
11.3 El compromiso local
La responsabilidad social de todos los ingenieros también se ejerce conociendo y reconociendo una deuda de gratitud hacia su comunidad y su país, los que, junto con su familia, configuraron las condiciones requeridas para que ellos hayan podido concentrar sus esfuerzos y habilidades para estudiar y obtener ese título que les permite ejercer la ingeniería. Creo que ésa, ser agradecidos a sus escuelas y profesores, a su país, debe ser asumida como una ineludible responsabilidad social (y ética también) por los ingenieros (y por cualquier otro profesional universitario) y consecuentemente esa responsabilidad de gratitud origina el imperativo de retribuir su educación, su título y sus privilegios sociales con su acción profesional y ciudadana.
Cabe advertir también que el reconocimiento hacia la contribución recibida para su realización personal y su formación básica y universitaria y el propósito de trabajar para el progreso de su comunidad y de su país implican una exigencia de más alta significación ética y social para los ingenieros de los países en desarrollo o estancados en el subdesarrollo. En estos países, necesitados y deseosos de avanzar hacia niveles crecientes de bienestar, y aún reconociendo y promoviendo los aportes que pueden recibir de profesionales extranjeros, resulta acuciante estimular la contribución consciente, comprometida y dinamizadora de sus propios ingenieros nativos, que son quienes mejor saben cuáles son sus reales necesidades y posibilidades y consiguientemente resultan mejor preparados para abordarlas. Para cumplir con mayor eficacia sus tareas, siempre es conveniente que los ingenieros de los países emergentes y menos desarrollados conozcan, adapten o adopten para incorporar a sus países, los avances de la tecnología y la ingeniería de vanguardia que sean realmente apropiados. Más aún: resulta aconsejable, si ello fuera posible, que los ingenieros jóvenes realicen estudios de postgrado en los países más avanzados o que trabajen transitoriamente en ellos, y también que alienten el intercambio y la cooperación con la ingeniería internacional en todas las ocasiones significativas, pero siempre con la mirada puesta hacia sus lugares de origen. No deberían conformarse solamente con remitir dinero a sus familiares, dinero que muy poco o nada aporta al desarrollo general, sino comprometerse y concretar oportunamente la decisión de retornar a sus países para verter en ellos, con criterio selectivo para adaptarlos a la propia realidad, los aportes extranjeros, sus propios conocimientos y sus esfuerzos productivos. Ésa, trabajar por su país aún sacrificando transitoriamente sus ingresos monetarios, y quizás un más atractivo progreso técnico, sería la mejor contribución de los jóvenes ingenieros hacia sus comarcas de origen o de arraigo y también, muy posiblemente, hacia su propia autoestima y felicidad personal.
También cabe reconocer y estimular la responsabilidad social y la contribución personal de miembros de numerosas organizaciones no gubernamentales de ingenieros de países avanzados que trabajan para colaborar “in situ” con los habitantes de regiones postergadas para contribuir a alentar el proceso de superación de la pobreza como un primer paso urgente hacia el desarrollo sostenible(33).
11.4 La inmersión cultural
Compartimos la exigencia de que, haciendo honor al ideal de lo que debe ser un egresado del nivel universitario, el ingeniero debe constituirse en un real factor de conocimiento abarcador, promotor de la armonía y el progreso sociales. Ser consciente de su relación interactiva con el medio al que pertenece y del impacto que producen sus realizaciones, y estar preparado para recibir sobre sí mismo la influencia humana de su entorno y poder responder a ella con su comprensión e inmersión cultural, y así desarrollar un beneficioso accionar social acorde con su medio, constituyen imperativos éticos y sociales para un ingeniero cabal.
Son numerosas en ese sentido las reflexiones y exhortaciones provenientes de diversos autores y debates. En un acto realizado en Buenos Aires en 2004 para la presentación del ya mencionado libro “El desafío tecnológico en el mundo globalizado”, el tema fue reconocido y analizado. Fue particularmente comentada una conocida frase del filósofo español José Ortega y Gasset quien en “Meditación de la Técnica” escribió, en la década de los años 1930: “Vean pues los ingenieros cómo para ser ingeniero no basta con ser ingeniero, es preciso estar alerta y salir del propio oficio, otear bien el paisaje de la vida, que es siempre total. De acuerdo con Ortega y Gasset no es suficiente para los ingenieros el haberse graduado, haber obtenido su título: ellos deberían mantenerse alertas y superar la especificidad de su propia profesión para abarcar “el paisaje de la vida” que es siempre completo. La facultad suprema para vivir no la da ningún oficio ni ninguna ciencia, es la sinopsis de todos los oficios y de todas las ciencias. La vida humana y todo en ella es un constante y absoluto riesgo. Estos conceptos fueron recordados por el entonces presidente del Centro Argentino de Ingenieros Roberto Echarte, y coincidiendo con ellos, el panelista Dr. Guillermo Jaim Etchverry añadió que para ser cabalmente algo hace falta esencialmente ser persona, concluyendo que la construcción de esa persona es uno de los objetivos trascendentes a los que deberíamos apuntar.
En el mismo acto el filósofo Santiago Kovadloff compartió y desarrolló los pensamientos anteriores con propuestas que valorizaron un escrutamiento atento de la realidad sobre la que se actúa. A su turno el ingeniero Eitel Lauría aludió a la influencia recíproca de la ciencia y la tecnología con la sociedad, expresando que la profunda transformación de la sociedad inducida por acción de la técnica y la ciencia ha provocado, en virtud de un universal principio de acción y reacción, cambios substanciales en los principios y conceptos básicos que sirven a la ciencia y a la tecnología, citando entre ellos la noción de límite, que la organización social siempre ha aplicado pero que la ciencia había ignorado hasta incorporarla recién en el siglo XX con la aceptación de las teorías cuánticas y de la relatividad. Finalmente, y dentro de la misma reunión que comentamos, el filósofo Víctor Massuh acotó que es preciso familiarizarnos con la idea de hacer del hombre técnico un ser sensible a las repercusiones sociales de su propio comportamiento. Es él mismo quien deberá ser el protagonista de una auto-regulación moral o cultural, no deberá esperarla desde afuera como una imposición de la sociedad o del Estado.
He referido “in extenso” estas reflexiones porque estoy convencido, y deseo convencer a quien aún no lo percibe así, que el ingeniero debe admitir y practicar el imperativo social de extremar su esfuerzo para el mejor conocimiento y comprensión, y la correcta interpretación mediante su trabajo, del medio cultural y social en que se desempeña, tanto el local como el universal y, en definitiva, del hombre contemporáneo como tal. Y esa comprensión, naturalmente, debe reflejarse en su propio trabajo profesional y su capacidad para servir útilmente a la sociedad y así responder positiva y consecuentemente al entorno dentro del cual actúa.
12) Corolario
Como conclusión de todo lo antes expuesto podemos aseverar que al ingeniero, en su búsqueda de excelencia, además de la mejor educación técnica debe impulsarlo una capacitación de consolidación cultural que le permita adquirir una visión amplia de la conveniencia o inconveniencia de sus acciones. Éstas no deben quedar circunscriptas a la búsqueda de satisfacciones por sus realizaciones o por su compromiso con el desarrollo sostenible, o por proezas meramente técnicas, sino también provenir de comprobar que todo ello incluye contribuciones humanísticas y sociales para el mejoramiento de su prójimo, de su ámbito de trabajo y de vida.En la ceremonia de apertura de la primera “Convención Mundial de Ingenieros” celebrada en Hannover, Alemania, en el año 2000, uno de los oradores extremó su juicio diciendo: “Un ingeniero que no ejerce su responsabilidad social y cultural debe ser considerado un parásito“.
En aquel momento fui conmovido por una frase tan rotunda, pero he seguido confiando en la ingeniería y comprobando que progresivamente nosotros, los ingenieros, estamos comprendiendo mejor nuestras responsabilidades, nuestro rol social y la mejor manera de ejercerlo para construir nuestra acción profesional, y para que ésta sea realmente útil para el progreso económico, social y cultural, actuando como una fuerza dinámica en la construcción del desarrollo integral de nuestras sociedades.
La WEC 2008, que hoy inauguramos en Brasilia con beneplácito general, y su leimotiv “Ingeniería: innovación con responsabilidad social” así lo corroboran y nos comprometen a todos para avanzar hacia un mejor futuro, impulsado por los ingenieros con convicción, responsabilidad y optimismo. Sabemos que ese “mejor futuro” será posible si con reuniones como ésta podemos progresar hacia una conciencia general a ser moldeada en cada ser humano de manera que pueda ser asegurada una Ingeniería realmente aplicable y éticamente comprometida para realizar el desarrollo sostenible a través de la tecnología, tal como lo imaginaron los organizadores (34)
13) Reflexión final
Como conclusión de este trabajo quiero expresar una sugerencia sobre la responsabilidad social de los ingenieros:
En nuestro carácter de creadores y ejecutores de la tecnología, la llave del progreso material, con sus efectos sobre la reducción de los esfuerzos físicos, la expansión de trabajos nuevos y más agradables, y la consecuente liberación del tiempo humano para dedicarlo a actividades afectivas, culturales y recreativas, los ingenieros hemos cooperado con el desarrollo de grandes posibilidades y oportunidades para mejorar las condiciones de la vida humana.
Más aún, con el actual tamaño y productividad de la economía mundial, sabemos que la producción global de alimentos y bienes es suficiente para erradicar el hambre y la pobreza. Para concretar esta posibilidad se necesitan conocimientos, convicción y decisión política.
Por consiguiente pienso que para nosotros, como ingenieros, y para nuestras instituciones de la ingeniería, ha llegado el momento de asumir un rol social más relevante, dinámico y responsable. Ello nos lleva a exhortar a los ingenieros para que, junto con la consolidación de nuestro compromiso profesional y social y nuestro comportamiento ético y su control institucional, nos involucremos más activamente en discusiones y procesos políticos, económicos, técnicos y sociales para ayudar a instalar una dirección nueva para el mundo y su desarrollo(35), nos vinculemos individualmente con otros miembros bien intencionados, capaces y honestos de otros sectores de la sociedad para adoptar junto con ellos una actitud proactiva a fin de superar la corrupción, la codicia y la ignorancia y poder contribuir a forjar un proceso de desarrollo humano realmente sostenible.
Ingeniero Conrado E. Bauer
Ex presidente de la Federación Mundial de Ingenieros.
Miembro del Consejo organizador del Congreso Mundial de Ingenieros (Bs. As. 2010) (cf. http://ingenieria2010.com.ar/).
Miembro de Número de la Academia Nacional de Ingeniería.
Miembro Correspondiente de la Academia Panamericana de Ingeniería.
(1) En numerosas naciones, con autoridad delegada por los poderes públicos, los profesionales de la ingeniería han adquirido el monopolio completo sobre el control de su práctica profesional y el juzgamiento ético de la misma.(2) Heráclito de Éfeso (576 a 480 a.C.) sostuvo que “El ser ético del hombre depende del estado de su alma; procede de un impulso interno” (”Fragmentos”, p. 89, Editorial Aguilar, Buenos Aires, 1968).(3) Christelle Didier, Penser l´éthique des ingenieurs, MD. Impression, Vendôme, Francia, abril de 2008.(4) El desafío tecnológico en el mundo globalizado. Editado por Conrado E. Bauer y Mario D´Ormea para el Centro Argentino de Ingenieros. Buenos Aires, 2004.(5) Sobre estos temas puede consultarse: Galván Josemaría, Techno-ethics: Acceptability and Social Integration of Artificial Creatures, trabajo presentado como ponencia en la “International Conference on Humanoid Robots”, IEEE Robotics and Automation Society, Waseda University, Tokio, 22-24 de noviembre de 2001, cfr. www.humanoid.waseda.ac.jp/Humanoids2001 Ver también del mismo autor, La nascita della tecnoética, Sant´Anna News, Scuola Superiore Sant´Anna, pp. 12-15, Pisa, (2001), cfr. www.sssup.it y Galván Josemaria, homepage: www.pusc.it/teo/p.galvan
(6) Una teoría consecuencialista particular es denominada “utilitarismo”. Fue desarrollada sobre todo por John Stuart Mill: es moral el acto que conduce al máximo de felicidad para el máximo de gente. “El utilitarismo es una moral teleológica porque está orientada hacia una finalidad”
(7) O. Báez, E. Pucciarelli, J.C. Ruta “Reflexiones sobre el entorno humano” (Pág. 60). Editado por UADI con la coordinación de C. Bauer. Talleres Gráficos UCALP. La Plata, 1989.
(8) Christelle Didier, “Engineering ethics”, comunicación dirigida a UNESCO, 2008.
(9) Recordemos que Brasilia 2008 sigue a Hannover 2000 y Shanghai 2004.
(10) William J. Carroll, “Possible revision of WFEO Model Code of Ethics”, nota dirigida al Presidente de FMOI, 11/04/06.
(11) Su primera versión se transcribe como Anexo al final de este trabajo.
(12) Se transcribe más adelante.
(13) En idioma español diferentes autores han utilizado las expresiones “desarrollo sostenible” o “desarrollo sustentable”. Sin embargo según la 22ª. Edición (2001) del Diccionario de la Real Academia Española para calificar a “desarrollo” con los criterios expuestos sólo es válido utilizar el adjetivo “sostenible” (adj. “Dicho de un proceso: Que puede mantenerse por sí mismo…) ya que “sustentable”, que suele usarse erróneamente como equivalente, debe reservarse como adjetivo para argumentos o conceptos (”Que se pueden sustentar o defenderse con razones”)
(13) Puede consultarse en el sitio Internet de FMOI: www.wfeo.org
(14) Según los redactores del Código: El desarrollo sostenible consiste en responder a las necesidades humanas actuales de recursos naturales, productos industriales, energía, comida, transporte, vivienda y gestión efectiva de residuos y al mismo tiempo conservar y reforzar la calidad medioambiental de la Tierra, los recursos naturales y las bases socio-económicas esenciales para satisfacer las necesidades de las futuras generaciones. (Se entiende que la aplicación adecuada de estos principios ayudará de manera apreciable a la erradicación de la pobreza en el mundo).
(15) La palabra “ patrones” se utiliza en este documento como equivalente de “jefes” o ”empleadores”.
(16) Usualmente este concepto es mencionado en países de habla inglesa como “soplar el silbato” (whistler blowing), tema que se comenta al finalizar el próximo punto 8.
(17) “Declaración de Shanghai sobre Ingeniería y Futuro Sostenible” de la Convención Mundial de Ingenieros, Shanghai. 5 de noviembre, 2004.
(18) Héctor Gallegos. La Ingeniería-Etica (pp. 55,56,57). UPC. Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Lima, 1999.
(19) Christelle Didier “Penser l´éthique des ingénieurs”, puf, MD Impressions, Vendôme, France, 2008, p. 166, 167, 168..
(20) Ver comentarios sobre la tecnoética en el Capítulo 1.
(21) Miguel Barceló, “Some Difficulties of Whistle Blowing and Codes of Ethics”, en ICENVE 2008, Conferencia Internacional sobre Ética y Valores Humanos, Barcelona, 2008.
(22) Christelle Didier op. cit. pág. 169.
(23) H. Gallegos “Riesgo”, revista Puente, Publicación del Colegio de Ingenieros del Perú. Año II, número 4, pág. 2 a 7, Lima, Perú, marzo 2007.
(24) Ver por ejemplo: Héctor Gallegos. Op. Citada “La Ingeniería - Ética“. Capítulo “Casos” (pp. 21/39).
Luis A. de Vedia. “Comportamiento ético individual y organizacional en la práctica de la ingeniería”. Revista “Materiales” (pp. 61/65), Buenos Aires, junio 1997.
(25) Ver por ejemplo: V.P. Kapadia y M. B. Joshi, “Ethical Engineering or Engineered Ethics?” (pág. 6); International Conference on Ethics and Human Values in Engineering, ICEHVE, 2008, Barcelona 2007. (www.wfeo.org/ethics)
(26) Puede consultarse: Trucker Jessica y Ferguson David “Work in Progress-Incorporating Ethics and Social Responsibility in Undergraduate Engineering Education”, Stony Brook University, NY, USA, 2007 (Jessica.Trucker@stonybrook.edu)
(27) Capítulo redactado consultando conceptos y citas de Christelle Didier, op. cit., pág. 150 y sig.
(28) Mitcham Carl , “Thinking Ethics in Technology” “Herinbach Lectures and Papers, 1995-1996″, p.138. Colorado School of Mines, USA, 1997.
(29) Davis Michael, “Thinking Like an Engineer - Study in the Ethics of a Profession”. Oxford, Oxford University Press, 1988, p. 176.
(29) I. Serageldin and Richard Barrett Editors, “Ethics and Spiritual Values - Promoting Environmentally Sustainable Development”, World Bank, Washington D.C., 1995.
(30) Ver Anexo 2: “El perfil ideal de los ingenieros profesionales”.
(31) UADI (Unión Argentina de Ingenieros), UPADI (Unión Panamericana de Asociaciones de Ingenieros), FMOI (Federación Mundial de Organizaciones de Ingenieros), CAETS (Consejo mundial de Academias de Ciencias de la Ingeniería y la Tecnología), FIDIC (Federación Internacional de Ingenieros Consultores)
(32) Conlon Eddie, Tesis en “Preparando ingenieros para la responsabilidad social” (pág 5). Informe de TREE (Teaching and Research in Engineering in Europe), grupo de interés especial SIG D6 (Problemas éticos en la educación de los ingenieros). SIG conductor: H. Zandwoort, Universidad Técnica de Delft, Holanda. 2007.
(33) Ver por ejemplo: Singleton, David “Aliviación sostenible de la pobreza, rol cambiante para ingenieros” Memoria de la Institución de Ingenieros Civiles Civil engineering 157, p. 37/42, noviembre 2004, Melbourne, Australia.
Asimismo pueden consultarse, entre otras: Ingenieros sin frontera, internacional: www.ewb-international.org ; Ingenieros para un mundo sostenible: www.esustainableworld.org
(34) L.C. Scavarda do Carmo y J.P. Delladonne de Barros, “Ingeniería y la búsqueda de paradigmas estructurales”, World Engineers´ Convention Magazine. Año 3 nº 2, p. 13, Brasilia, 2007.
(35) Asociación Americana de Sociedades de Ingenieros, “El Rol de la Ingeniería en el Desarrollo Sostenible” (pág. 5), Washington D.C., U.S.A., 1994.










