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Ciencia y Religión: Distinciones Preliminares

12 Agosto 2008 No hay Comentarios

Bertolin, María Lila y Yalj, Adrián.
1.Introducción
“La Ciencia” y “La Religión”, así expresadas, son generalidades tan grandes que un uso inapropiado y sin especificación, no logra otra cosa que enturbiar las aguas y apelar a los prejuicios y lugares comunes de la audiencia. Una búsqueda de la verdad honesta requiere, antes que nada, intentar clarificar los conceptos a emplear, inclinándose en la medida de lo posible, por las interpretaciones más fructíferas, aquellas que nos dan una visión menos restringida, sin limitarnos a una única perspectiva.
Para encarar de forma fértil la cuestión que involucra a la ciencia, la religión y su antipatía mutua, vale la pena antes hacer unas distinciones mínimas, pues consideramos que algunas de ellas no han sido tenidas en cuenta como tal, sobre todo en ciertos períodos de la historia, y aún siguen dejando mucho que desear en numerosos ámbitos académicos. Con ello intentaremos esbozar un esquema de diferencias fundamentales entre ambos ámbitos de la experiencia humana, que nos ayuden a comprenderlos de manera más profunda y comprometida.
Así entonces, proponemos tres significados distintos en la palabra “Religión”: En primer lugar se puede señalar a la religión como institución, una organización socio-política con un origen y una trayectoria histórica concreta. En otro sentido, podemos ubicar al cuerpo de creencias atribuido a una religión en particular llamándolo “Dogma”. Finalmente, en una interpretación más general relacionada con las inquietudes de la humanidad como eje transversal a la historia, religión también refiere al impulso metafísico de los seres humanos que buscan lo Numinoso , haciendo uso de la intuición para intentar abarcar una realidad más vasta que la observable.
En cuanto a la “Ciencia” proponemos tres distinciones en su uso: por un lado se la puede describir como un cierto “Establishment” científico, una institución con su génesis, desarrollo y organización; por otro lado, podemos referirnos al corpus teórico creado por dicha institución, un entramado complejo de teorías articuladas que orienta y sustenta a la actividad científica, y por último, se puede llamar “ciencia” al impulso empírico, al estilo metodológico de encarar la realidad observable, latente de ser abordada por nuestros esquemas analíticos de pensamiento.No pretendemos que estas distinciones sean definitivas, tampoco es posible separar de forma tajante, Iglesia, Dogma y Fe por un lado y Establishment, Corpus Teórico y Método Científico por el otro. Carecen de sentido tomadas aisladamente. No hay forma de separar a cualquiera de estos significados de los otros dos, ya que esta distinción es de orden epistemológico y no ontológico.En el presente trabajo, nuestra hipótesis establece que el conflicto entre “Ciencia” y “Religión” encuentra sus raíces en un choque institucional entre la Iglesia y el Establishment científico que, con el correr del tiempo, se degrada, extendiéndose desde las estructuras orgánicas hasta la discusión metafísica. En ese tránsito son arrastrados a la lucha los dogmas, las teorías e incluso las distintas cosmovisiones. Ubicados en un marco geográfico-cultural muy específico, es decir el occidente cristiano medieval, el conflicto lleva a numerosas personas en ambos lados de la “divisoria”, a empobrecer seriamente su visión del mundo. Vedándose ámbitos de la experiencia humana que en otras circunstancias enriquecerían sus perspectivas, los ecos de este pasado se van colando por entre los telares dialécticos de la actualidad.Parafraseando al filósofo/poeta pakistaní Muhammad Iqbal “la intuición y el pensamiento son dos caras de la misma moneda, formas de encarar una misma realidad. El pensamiento que analiza y separa en diferentes partes a la realidad para su estudio minucioso, la intuición buscando abarcarla holísticamente”
El eterno bucle de la historia: Institución (I) vs. Institución (C)
Hay debates que viven a la sombra de su propia historia. I vs. C encuentra sus orígenes y posterior relevancia, en un marco geográfico-histórico dentro del cual se halla una Europa occidental de finales del siglo XIV, comienzos de lo que actualmente los historiadores llaman el período Renacentista. Una Europa reorganizada política y administrativamente en donde la Iglesia como institución era claramente un organismo de Estado, vinculado a la toma de decisiones y a la coordinación de las actividades de la sociedad feudal.
Asimismo, una suerte de retorno a las fuentes del arte y la literatura grecolatinas, afloraba junto con importantes cambios en las estructuras económicas. En las cortes, el mecenazgo de artistas, ingenieros y naturalistas se convertía en una moda que adquiría poco a poco su propia identidad. Allí, las visiones mecanicistas pugnaban por adquirir estatus filosófico y, más aún, emergían conformes a una Europa en donde el comercio y la burguesía comenzaban a ocupar sitios clave dentro de la dinámica social y económica. Sumado a ello, los tiempos volvíanse duros para I, principalmente debido al avance de la Reforma y a la devastadora guerra de los 30 años. I había utilizado sus fundamentos y dogmas teológicos como medio de control social durante la mayor parte de la edad media. A causa de la práctica dogmática de la religión, se solían comprender respuestas autoritarias o de tipo oraculares La teología vista y ejecutada como dogmática, sectaria y sobretodo autoritaria, no tendió sino a obnubilar más el conflicto ya instalado. Es así como el uso de las instituciones religiosas y sus dogmas, como herramientas de control ideológico y político, termina por mostrar un rostro represivo de la religión y en consecuencia contribuye al rechazo de la misma en bloque por parte de los que buscaran cambiar aquel estado de cosas.Es claro que la confrontación de ambos “bandos” refleja la realidad política y las tensiones culturales de una época bien definida. Por un lado una sociedad cortesana cada vez más volcada hacia el comercio y las actividades culturales y por el otro un Estado eclesiástico con graves conflictos internos, que obligadamente necesitaba una acción política de sobrevaloración institucional.
Ahora bien, un escenario como el brevemente descripto, no era el más propicio para dar espacio al cuestionamiento público sobre las revelaciones de Dios ni mucho menos en qué medida éstas podían registrarse y confirmarse dentro de la experiencia humana de la empiria.Giordano Bruno (1549-1600), Nicolás Copérnico (1473-1543), Galileo Galilei (1564-1642), entre tantos otros, son sólo nombres que remiten tan puntuales ejemplos a lo largo de la historia de la ciencia y la religión, que no son en vano de mencionar. Cada uno de ellos trae aparejado una puja de poder que, a nuestro entender, subyace al discurso que pueda haber sido empleado por cada una de las partes confrontadas. Esta poderosa narrativa de hombres solitarios armándose con la verdad enfrentado a la oposición oscurantista se vuelve un mito unificador tan fuerte que al día de hoy sigue siendo usado por ambos “bandos” y parece no haberse debilitado. El ejemplo de Galileo y Urbano VIII puede ser usado como un modelo de esta guerra intrínseca entre la verdad de unos de la de otros en donde el primero resultó ser un héroe martirizado y el otro un villano, a la “luz” de la historia.Lo cierto es que ninguna institución cede terreno a otra de forma voluntaria. Para el año 1630, C era un recién llegado rebelde y cuestionador. Se torna difícil pensar que I, habiendo ocupado tan ampliamente la historia de la humanidad de Europa occidental, se retire de este territorio tan extenso sin pelear. Imposible.Así entonces, la definición por oposición jugó un papel fundamental en el surgimiento de C. La sociedad científica fue encontrando su propia identidad allí donde fe y razón parecían haber entrado en una batalla sin fin: para el existir de una, debía desaparecer la otra. Más aún, la discusión entre lo de “arriba” y lo de “abajo” empezaba a lateralizarse.El nuevo acercamiento instrumentalista al mundo tuvo el grave error de haber sido considerado como el único posible por gran parte de la sociedad científica. Conseceuntemente la pérdida de la búsqueda metafísica se instaló fuertemente en las mentes de la sociedad. El juego de poder original de carácter sociopolítico entre los estratos orgánicos tanto de I como de C, perdió su rumbo y degeneró al absurdo de la actual confrontación entre la Fe y el Método, es decir, ocurrió un traslado de un conflicto de carácter orgánico a uno de carácter metafísico.
Dogma y Corpus Teórico
En diferentes periodos de la historia la búsqueda de “la verdad”, el acercamiento a lo mundano, a la naturaleza, a la explicación de los fenómenos naturales resultó en la combinación de conceptos que, a nuestros ojos modernos podrían parecer una mezcla escandalosa de científicos y religiosos.
Desde el momento en que la Ciencia adopta un método, determina también a qué aspecto de la realidad va a ir acercándose. Por ende, el conjunto de creencias, símbolos y mitos religiosos que caracteriza a las religiones no puede establecerse en paralelo con el conjunto de teorías, leyes y conjeturas científicas que integran el corpus teórico que caracteriza y da identidad al conocimiento científico. Tampoco pueden sustituirse mutuamente. Para arribar a esta distinción vamos a comenzar por definir dogma por un lado y corpus teórico por el otro.
Las religiones en general y las tradiciones Abrahamicas en particular comparten el supuesto fundamental de que existen aspectos de la realidad más allá de lo que la mente y los sentidos humanos pueden abarcar.
Las religiones suelen entonces adoptar entre sus creencias, imágenes y alegorías que buscan explicar conceptos metafísicos (Cielo, Infierno, la creación del mundo, la vida eterna, etc.) en formas comprensibles para nosotros. Podemos llamar a estas imágenes y alegorias dogmas, entendidos en un sentido amplio, como un conjunto de creencias que definen, en mayor o menor medida, la adhesión a una fe particular
Muchas de las proposiciones de las religiones pueden ser expresadas solo en forma de metáforas, ya que se refieren a cuestiones y conceptos que yacen por definición fuera del ámbito de la experiencia humana. El lenguaje mítico se muestra lleno de magia y situaciones paradójicas que permiten transmitir el modo en el que los místicos/religiosos experimentan la realidad mucho mejor que el lenguaje de los hechos concretos (Capra, 1975).
Cuando un dogma, cuyo propósito es referirse a cuestiones extramundanas y/o supprasensuales, recibe una interpretación literal concreta, no solo se pierde de vista la riqueza de su significado no evidente sino que además, una verdad trascendente queda reducida a una proposición contingente, limitada y pasible de ser refutada por evidencia en un sentido contrario.
Si una determinada creencia es tomada literalmente (como que la tierra fue creada en seis días) y luego somos confrontados con evidencia fáctica que parezca refutarla (un registro fósil de millones de años, por ejemplo), entonces la persona se ve en la disyuntiva de descartar su fe junto con dicha creencia o bien empecinarse en negar la evidencia presentada.
La ciencia trata con elementos de la realidad humana que se prestan a ser sometidos por un método particular de investigación, interrogación y cuantificación que, a su vez, debe ser susceptible a ser repetido y nuevamente verificado. Ahora bien, las preguntas y respuestas que surjan de él, estarán sujetas a un corpus teórico dentro del cual estos enunciados tienen sentido lógico.
Definimos entonces a un corpus teórico como un conjunto integrado, conformado por términos empíricos, teóricos y lógicos dentro del cual, el conocimiento científico tiene lugar. Todas las afirmaciones que allí se reúnan, a su vez, deben relacionarse entre sí y mediante conexiones lógicas que establezcan un criterio de verdad. Para ser más específicos, un conjunto de hipótesis corroboradas forman una ley; un conjunto de leyes forman una teoría. Un conjunto de teorias articuladas en una cierta cosmovisión constituyen un paradigma. Una de las ventajas de este método de abstracción científico es la eficiencia que tiene en traducir fenómenos o hechos a un lenguaje altamente simple y riguroso (por ejemplo en el caso de la matemática, al lenguaje algebraico). Pero, a medida que se va definiendo un sistema de conceptos con mayor presición, se va perfeccionando y haciendo más rigurosas sus conexiones, este sistema tiende a separarse cada vez más de lo meramente observable, hasta que la relación entre los símbolos y nuestra experiencia se vuelve poco evidente (Capra, 1975).
“La gran ventaja de la ciencia y de su método, es su tremenda capacidad de contribuir al alivio del sufrimiento físico, pero sólo es a través del cultivo de las cualidades del corazón humano y la transformación de nuestras actitudes que podremos empezar a afrontar y superar nuestro sufrimiento mental” (Dalai Lama, 2005).
Las disciplinas empíricas que se desarrollan en este ámbito proporcionan un poderoso acceso a la comprensión detallada de la naturaleza del mundo físico, siguiendo el lineamiento del paradigma establecido. Ahora bien, los cambios fundamentales en la cosmovisión de una cultura sobre el universo no pueden dejar de arrastrar a los conocimientos de dicha cultura sobre el mundo que habitan. Khun (1957) entendió este fenómeno y lo explicó bajo el nombre de cambios en los paradigmas establecidos.
Si tomamos en cuenta esta afirmación y la de Capra (1975), es recomendable ser cauteloso cuando se intenta hablar de realidad “objetiva” si no se quiere caer en la soberbia de los necios.
Pensar que todos los aspectos de la realidad están al alcance de un corpus teórico es claramente incompleto. Pero también es incompleto pensar que la religión se aventure a solucionar problemas concretos sólo desde el debate filosófico en sí. Tales afirmaciones presuponen presunciones filosóficas que se reflejan en los prejuicios metafísicos de cada uno de sus defensores y deben ser tenidas en cuenta al momento del debate para que éste sea integral y no desarticulante.
Dadas estas reflexiones que destacan las diferencias en la construcción de ambos magisterios, nos es completamente natural pensarlos como dos áreas inconmensurables entre sí, conformando, a su vez, el conocimiento humano.
Por tal, es que consideramos cuestiones tales como la justificación de la existencia de Dios dentro de la teoría del Big Bang o el Big Crunch, solapamientos desarticulados que mezclan distintos niveles de discusión y fundamentación.
Fe y Método
Cuando se eliminan los elementos institucionales y teórico-dogmáticos nos es posible vislumbrar el corazón gemelo de la “Ciencia” y la “Religión”. Detrás de las instituciones, detrás de los cuerpos teóricos de las múltiples disciplinas es posible encontrar la voluntad y capacidad humana de aprehender la realidad de forma racional. Asimismo, Más allá de las iglesias y los múltiples credos del mundo encontramos el impulso humano de comulgar con lo trascendente y numinoso, aprehendiendo la realidad de forma trans-racional. - nuestro bendito sentido que tenemos para maravillarnos (Gould, 1999)
Nuestra tesis central es que la antinomia Ciencia-Religión tiene sentido sólo en un contexto histórico cultural muy especifico, concretamente el Occidente post medieval. En otras sociedades y culturas la cuestión de las relaciones entre la fe en lo trascendente y la experiencia discurrió por otros senderos menos antagónicos.
“Vista, Oído y Corazón” – la perspectiva islámica
En una serie de conferencias, compiladas y publicadas bajo el nombre “La reconstrucción del pensamiento religioso en el Islam” en 1930, el filósofo y poeta pakistaní Sir Muhammad Iqbal expone lo que el considera los fundamentos de la tradición islámica, nutriéndose de fuentes clásicas y modernas, orientales y occidentales.
Así, Iqbal argumenta que la religión, lejos de ser un asunto meramente doctrinario, es una expresión del hombre en su totalidad y su objetivo es la Realidad Última, la afirmación de lo espiritual, no en oposición a lo material sino permeándolo plenamente. La religión, entendida en este sentido, no es ni física ni química ni historia, sino que es la búsqueda de la totalidad y su integración en la experiencia humana existencial.
En esta concepción el pensamiento y la intuición no están en oposición sino que son diferentes facetas de nuestra forma de experimentar y concebir el mundo. El pensamiento es la forma de aprehender la realidad que se nos presenta de a secciones, metódicamente y en gran medida con vista a su utilización efectiva. La intuición es la capacidad de buscar aprehender la totalidad completamente de una vez, (Iqbal compara a la fe con un ave que encuentra su destino en el cielo sin mas signos y que su sentido interno). El pensamiento y la intuición se necesitan mutuamente y operan constante y dialécticamente en el ser humano al punto que no es siempre fácil poder separarlos más que conceptualmente.
En la concepción islámica, continua Iqbal, es Dios que dota al hombre de estas capacidades, a las que el Qu´ran se refiere como Vista, Oído y raciocino o “Corazón”
Y así [Dios], inicia la creación del hombre de la arcilla; luego hace que sea engendrado de la esencia de un líquido despreciable; y luego lo forma con arreglo a su función, e insufla en él algo de Su espíritu: y os dota [así, Oh gentes,] de oído, de vista, y de sentimientos además de mentes: [sin embargo] ¡qué raras veces sois agradecidos! (32: 7-9)
El hombre tiene, no ya el derecho, sino el deber de usar estas facultades al máximo de sus capacidades, pues es el buen uso de ellas en esta vida lo que garantiza la felicidad en la otra vida. No alcanza con ser “justo” para alcanzar la salvación sino que el hombre responderá el Ultimo Día además por sus acciones, es decir, el uso que le dio a las facultades otorgadas por Dios.
Así vemos que en la tradición islámica se hace un énfasis muy grande en el uso hasta las últimas consecuencias de los sentidos y el raciocinio del hombre, siempre que vaya acompañado de una poderosa conciencia de la validez de la experiencia interna. Este respeto por lo empírico es lo que hizo a los musulmanes pioneros en muchos avances científicos durante su edad de Oro.
Estas conferencias son de interés para nosotros porque ilustran hasta que punto la cuestión de la Ciencia vs la Religión es provinciana. Con el ejemplo islámico podemos ver que una concepción más holística de la experiencia humana es posible y que la división conceptual tajante que encontramos en nuestro lado de la frontera entre “Fe” y “Razón” obedecen a factores circunstanciales y ajenos a la esencia de ambas. El hombre de fe y el científico, afirma Muhammad Iqbal, buscan diferentes formas de refinar la experiencia, eliminando las ilusiones y buscando llegar a algún tipo de verdad, cada uno con sus métodos y potenciales fuentes de error.
Consideramos como errados los intentos de tratar las escrituras como manuales de física o biología, así como intentar deducciones metafísicas y morales de determinadas teorías científicas. Admitimos que separar tajantemente los “magisterios” (como argumenta Gould, 1999) acarrea los problemas clásicos de todo dualismo filosófico, pero es mejor que la alternativa de buscar imponer conceptos de una en el marco de la otra sin criterio alguno.
Conclusiones
La búsqueda de la verdad toma muchas formas. La Ciencia y la Religión, entendidas en sus sentidos más amplios, son dos de las facetas más poderosas y persistentes de dicha búsqueda.Stephen Jay Gould (1999) decía que la esencia de todo cuadro es su marco. Para nosotros el mundo es tan complejo y tan amplio en todos sus aspectos (tiempo, espacio, belleza, etc.) que si quisiéramos enmarcarlo de una vez y para siempre, fallaríamos. Ciencia y Religión son dos cosmovisiones con marcos distintos, desde la semántica hasta las respuestas últimas, desde la pregunta hasta la finalidad.
Todo tipo de reduccionismo estrecha los caminos por los que transitamos en nuestro intento por comprender la existencia del mundo y de uno mismo. Tomar una postura como esa, es una actitud filosófica, que llevada al extremo, empobrece las formas de comprensión. Las múltiples dimensiones y perspectivas que nos componen, tanto a nosotros y al universo en general, son tan numerosas que desafían todo entendimiento. Querer reducir cosas como el arte, la belleza, la ética o la conciencia a meros epifenómenos de realidades físicas y químicas es acribillar irreparablemente la unicidad del universo. Igualmente, asignar significados concretos a las verdades trascendentes que la religión busca es en última instancia autofrustrante, ya que nos quedamos simultáneamente con una visión inexacta de la realidad y privados del sentido espiritual verdadero. Por otro lado, negar el conocimiento científico usando como fundamentos a las escrituras (como por ejemplo es el caso del Creacionismo vs Evolución en los EEUU3) corre el mismo destino.
El problema con el reduccionismo no son los datos de la ciencia ni los dogmas de las escrituras, sino la concepción de que sólo con ellos se puede construir una realidad “real”, un terreno legítimo en donde se desarrolla e integra nuestro mundo o, peor aún, son el único medio por el cual se puede conocer al mundo. Asimismo, las verdades transmitidas por la religión son letra muerta sin la interpretación activa de los creyentes, buscando nuevos significados e interpretaciones para antiguas verdades.
En la actualidad podemos encontrar muchas instancias de individuos de ambos “bandos“ que toman conciencia de los límites inherentes a categorías estancas y buscan una comprensión más amplia. En este sentido, es mucho lo que pueden aprender la una de la otra, llevando a expandir los horizontes tanto de los conocimientos como de la sabiduría potencial existente en ellos. De esta manera, es posible pensar que en muchos ámbitos, a partir de nuevos conocimientos y enfoques, se generen campos de posibilidades que alimenten y permitan crecer nuevos desafíos éticos y espirituales.
Este acercamiento y búsqueda de nuevas perspectivas es digno de celebrarse, pero no por eso consideramos que sea posible fusionar o subsumir sin más a la ciencia y la religión en una unidad arbitraria. Si las pensamos como dos lenguajes diferentes, es mejor aprenderlos por separado y no reducirlos a un tercer idioma, perdiendo así la riqueza de los idiomas originales.Nosotros sostenemos, en armonía con una tradición filosófica y religiosa que trasciende credos y escuelas, que la existencia abarca mucho más que la porción abierta nuestros sentidos o nuestro entendimiento. Es un desafío filosófico para nosotros la integración no solapante de estos dos planos de la comprensión y la experimentación humanas.
“Tal vez, la empresa más importante sea asegurarnos que la ciencia jamás se divorcie del sentimiento humano fundamental de la empatía con los demás seres vivientes […] La ciencia es de importancia vital, pero sólo es un dedo de la mano de la humanidad y su mayor potencial sólo podrá ser realizado mientras nos cuidemos de no olvidarnos de ello. De otro modo, corremos el riesgo de perder el sentido de nuestras prioridades“ (Dalai Lama. El universo en un átomo, 2005)
EN EL NOMBRE DE DIOS, EL MÁS MISERICORDIOSO, EL DISPENSADOR DE GRACIA:
Ha. Mim.
LA REVELACIÓN de esta escritura divina procede de Dios, el Todopoderoso, el Sabio.
Ciertamente, en los cielos y en la tierra hay en verdad mensajes para todos los que [están dispuestos a] creer.Y en vuestra naturaleza, y en [la de] todos los animales que Él disemina [por la tierra] hay mensajes para gente dotada de certeza interior.
Y en la sucesión de la noche y el día, y en los medios de subsistencia que Dios hace descender del cielo, dando así vida a la tierra cuando estaba muerta, y en la variación de los vientos:
[en todo esto] hay mensajes para gente que hace uso de la razón.
Estos mensajes de Dios te transmitimos, exponiendo la verdad. ¿En qué otro anuncio van a creer, después de [haber rechazado] los mensajes de Dios?
(Sura 45)“Cualquier camino es sólo un camino y no es vergonzoso, ni para uno mismo ni para los demás, abandonarlo si así te lo dicta tu corazón… Observa detalladamente cada uno de los caminos. Ponlos a prueba tantas veces como creas necesario. Luego pregúntate a ti mismo, y sólo a ti mismo, lo siguiente: ¿Tiene corazón este camino?. Si lo tiene, el camino el bueno; si no lo tiene, no sirve para nada”. (Carlos Castaneda. Las enseñanzas de Don Juan, 1974)
“El mundo aparece, entonces, como un complicado tejido de acontecimientos, en el cual las relaciones de diferentes especies se alternan, o se superponen y se combinan, determinando de este modo la textura de la totalidad” (W. Heisenberg. Physics and Philosophy, 1963)

 

 

 

 

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